Tagore

Rabindranath Tagore
Poeta bengalí que vivió entre 1861-1941
Premio Nobel de Literatura en 1913
Fragmentos escogidos de poemas espirituales

1
¡Señor! Si no hablas,
Llenaré mi corazón de Tu silencio…
Y lo tendré conmigo.
Y esperaré, quieto, como la noche en su desvelo estrellado,
Hundida pacientemente mi cabeza.
Vendrá sin duda la mañana. Se desvanecerá la sombra,
Y tu voz se derramará por todo el cielo, en arroyos de oro.
Y tus palabras volarán, cantando, en cada uno de mis nidos de pájaros,
Y tus melodías estallarán en flores, por todas tus profusas enramadas.

2
Una mañana iba yo por la pedregosa carretera,
cuando espada en mano, llegó el Rey en su carroza.
“¡Me vendo!”, grité. El Rey me cogió de la mano y me dijo:
“Soy poderoso, puedo comprarte.” Pero de nada le valió su poderío
y se volvió sin mí en su carroza.

Las casas estaban cerradas en el sol del mediodía
y yo vagaba por el callejón retorcido
cuando un viejo cargado con un saco de oro me salió al encuentro.
Dudó un momento, y me dijo: “Soy rico, puedo comprarte.”
Una a una ponderó sus monedas. Pero yo le volví la espalda y me fui.

Anochecía y el seto del jardín estaba todo en flor.
Una muchacha gentil apareció delante de mí, y me dijo:
“Te compro con mi sonrisa.” Pero su sonrisa palideció
y se borró en sus lágrimas. Y se volvió sola otra vez a la sombra.

El sol relucía en la arena y las olas del mar rompían caprichosamente.
Un niño estaba sentado en la playa jugando con las conchas.
Levantó la cabeza y, como si me conociera, me dijo:
“Puedo comprarte con nada.” Desde que hice este trato jugando,
¡Soy libre!
3

Fue tu voluntad –Señor- hacerme infinito.
Este frágil vaso mío, tú lo derramas una y otra vez,
Y lo vuelves a llenar con nueva vida.
Tú has llevado por valles y colinas esta flautilla de caña,
Y has silbado en ella, melodías eternamente nuevas.
Al contacto inmortal de tus manos,
Mi corazoncito se dilata sin fin en la alegría,
Y da vida a la expresión inefable.
Tu dádiva infinita sólo puedo recogerla con estas pobres manos mías…
Y pasan los siglos, y Tú sigues derramando…
Y siempre hay en ellas sitio que llenar.
4
Cuando tú me mandas que cante,
Mi corazón parece que va a romperse de orgullo.
Te miro y me echo a llorar…
Todo lo duro y agrio de mi vida se me derrite
En “no sé qué” de dulce melodía,
Y mi adoración tiende sus alas,
Alegre como un pájaro que va pasando la mar.
Sé que te complaces en mi canto,
Que sólo vengo a ti como cantor.
Y con el fleco del ala inmensamente abierta,
Toco tus pies, que nunca pude creer alcanzar.
Y canto, y el canto me emborracha,
Y te llamo amigo, a Ti que eres mi Señor.
5
¿Cómo cantas Tú, Señor?
¡Siempre te escucho mudo de asombro!
La luz de tu música que ilumina el mundo,
Su aliento va de cielo a cielo…
Su raudal Santo vence todos los pedregales
Y sigue, en un torbellino, adelante.
Mi corazón anhela ser uno con tu canto,
Pero en vano busca su voz.
Quiero hablar, pero mi palabra no se abre en melodía;
Y grito vencido, ¡Señor!
¡Ay, cómo envuelves mi corazón en el enredo infinito de tu música!
6
Quieres tener mi cuerpo siempre puro,
¡Vida de mi vida!
Que has dejado tu huella viva sobre mí.
Siempre voy a tener mi pensamiento libre de falsía,
Pues tú eres la Verdad, que ha encendido la luz de la razón en mi frente.
Voy a guardar mi corazón de todo mal,
Y a tener siempre mi amor en flor,
Pues Tú estás sentado, en el sagrario más íntimo de mi alma.
Y será mi afán revelarte en mis acciones,
Pues que sé que Tú eres, la raíz que alimenta mi trabajo.
7
Sé indulgente conmigo un momento ¡Señor!
Y déjame sentarme a Tu lado,
Que luego terminaré lo que estoy haciendo…
Mi corazón, si no te ve, no tiene sosiego,
Y mi trabajo es como un afán infinito
En un fatigoso mar sin playas.
El verano ha venido hoy a mi ventana,
Zumbando y suspirando, han venido las abejas,
Trovadores en la corte del bosque florecido.
Es el tiempo de sentarse quieto frente a Ti,
Es el tiempo de cantarte, en un ocio mudo…
Y rebosante presentarte, la ofrenda de mi vida.

8
Anda, ¡Señor! no esperes más;
Toma esta florecita, ¡que no se mustie y se deshoje!
Quizás no tengas sitio para ella en tu guirnalda;
Pero hónrala, acariciándola con tu mano,
Y arráncala, no sea que se acabe el día (…)
Y se pase el tiempo de la ofrenda.
Aunque su color sea tan pobre, y tan poco su olor,
¡Anda, ten esta flor para Ti, arráncala ahora que es su tiempo!
9
Mi canción, sin el orgullo de su traje,
Se ha quitado sus galas para Ti
Porque ellas estorbarían nuestra unión,
Y su campanilleo ahogaría nuestros suspiros.
Mi vanidad de poeta muere de vergüenza ante Ti,
Señor, poeta mío.
Aquí me tienes sentado a Tus pies.
Déjame sólo hacer recta y sencilla mi vida,
Como una flauta de caña, para que Tú la llenes de Tu música.
10
El niño vestido de príncipe, colgado de ricas cadenas,
Pierde el gusto de su juego, porque su atavío le estorba a cada paso.
Por temor a rozarse o a empolvarse,
Se aparta del mundo, y no se atreve ni siquiera a moverse.
Madre, ¿gana él algo con ser esclavo de ese lujo,
Que le aparta del polvo saludable de la tierra?
¿Qué le roba el derecho de entrar en la gran fiesta de la vida…
De todos los hombres?
11
¡Necio, que intentas llevarte sobre tus propios hombros!
¡Pordiosero, que vienes a pedir a tu propia puerta!
Deja todas las cargas en las manos de aquel que puede con todo,
Y nunca mires atrás nostálgico.
Tu deseo apaga al punto la lámpara que toca con su aliento.
¡No tomes sus dádivas malsanas con manos impuras!
¡Recoge sólo, lo que te ofrece el amor sagrado!
12
¡Señor! Tienes tu escabel, y tus pies descansan,
Entre los más pobres, los más humildes y los perdidos…
Quiero inclinarme ante Ti,
Pero mi postración no llega nunca a la cima donde tus pies descansan
Entre los más pobres, los más humildes y los perdidos…
¡El orgullo no puede acercarse a Ti!
Que caminas, con la ropa de los miserables,
Entre los más pobres, los más humildes y los perdidos.
¡Mi corazón no sabe encontrar su senda!,
La senda de los solitarios, por donde Tú vas…
Entre los más pobres, los más humildes y los perdidos.
13
Deja ya esa salmodia, ese canturreo, ese pasar y repasar rosarios.
¿A quién adoras, -di-
En ese oscuro rincón solitario del templo cerrado?
¡Abre tus ojos, y ve a tu Dios que está ante ti!
Dios está, donde el labrador cava la tierra dura,
Donde el picapedrero pica la piedra;
Está con ellos, en el sol y en la lluvia, lleno de polvo Su vestido.
¡Quítate ese manto de cilicio y baja con tu Dios al terruño polvoriento!
¿Libertad?
¿Donde quieres encontrar la libertad?
¿No se ha atado Él mismo, lleno de alegría a la Creación?
¡Sí, él está atado a nosotros-todos para siempre!
¡Sal ya de tu penitencia, déjate ya de flores y de inciensos!
¿Qué importa que tus ropas se manchen o se andrajen?
¡Ve a su encuentro, ponte a su lado, y trabaja, y que sude tu frente!

14
¡Cuánto tiempo dura mi viaje, y qué largo es mi camino!
Salí en la carroza del primer albor,
Y caminé a través de los desiertos de los mundos,
Dejando mi rastro por las estrellas infinitas.
La ruta más larga es la que sale más pronto a ti,
Y la más complicada enseñanza, no lleva sino a la perfecta sencillez
De una melodía…
El viajero tiene que llamar,
Una tras otra, a todas las puertas extrañas para llegar a la suya;
Ha de vagar…por todos los mundos de afuera,
Si quiere llegar al fin, a su santuario interior.
Mis ojos erraron por todos los confines
Antes de que yo los cerrara diciendo:
¡Aquí estás!
Y el grito y la pregunta: “¡Ay!, ¿dónde?”,
Se derriten en las lágrimas de mil raudales
Y ahogan el mundo con el desbordamiento de Tu
“¡Yo soy!”

15
La canción que yo vine a cantar, no ha sido aún cantada.
Mis días han ido afinando las cuerdas de mi arpa;
Pero no he hallado el tono justo, y las palabras no venían bien.
¡Sólo la agonía del afán en mi corazón!
Aún no ha abierto la flor, sólo suspira el viento.
No he visto su cara, ni he oído su voz;
Sólo oí sus pasos blandos, desde mi casa, por el camino.
Todo el día interminable de mi vida me lo he pasado
Tendiendo en el suelo mí estera para Él;
Pero no encendí la lámpara, y no puedo decirle que entre.
Vivo con la esperanza de encontrarlo;
Pero ¿cuándo lo encontraré?
16
Mis deseos son infinitos, lastimeros mis clamores;
Pero Tú me salvas siempre con tu dura negativa.
Y esta recta merced ha traspasado de parte a parte mi vida.
Día tras día me haces digno de los dones grandes y sencillos
Que me diste sin yo pedírtelos,
El cielo y la luz, mi cuerpo, mi vida y mi entendimiento;
Y me has salvado, día tras día,
Del escollo de los deseos violentos.
A veces me retardo lánguido, a veces me despierto
Y me desvivo en busca de mi fin;
Pero Tú, cruel, te escondes de mí.
Día tras día, a fuerza de rehusarme,
De librarme de los peligros del deseo débil y vago,
Me estás haciendo digno ¡de ser tuyo del todo!

17
Estoy aquí para cantarte.
Mi rinconcito está en este salón Tuyo.
Nada tengo que hacer en este mundo Tuyo;
Mi vida inútil, no sabe más que saltar en melodías sin razón.
Cuando en el oscuro templo de la medianoche
Dé la hora de adorarte en silencio,
¡Mándame que te venga a cantar, Maestro mío!
Cuando el arpa de oro esté afinada en el aire matutino,
¡Hónrame Tú, ordenando mi presencia!
18
Fui invitado a la fiesta de este mundo,
Y así mi vida fue bendita.
Mis ojos han visto, y oyeron mis oídos.
Mi parte en la fiesta fue tocar este instrumento;
Y he hecho lo que pude.
Y ahora te pregunto:
¿No es tiempo todavía de que yo pueda entrar, y ver tu cara,
Y ofrecerte mi saludo silencioso?
19
Sólo espero al amor para entregarme al fin en sus manos.
Por eso es tan tarde…
Por eso soy culpable de tantas distracciones.
Vienen todos, con leyes y mandatos, a atarme a la fuerza;
Pero yo me escapo siempre,
Porque sólo espero al amor, para entregarme al fin, en sus manos.
Me culpan, me llaman atolondrado. Sin duda tienen razón.
Terminó el día de feria, y todos los tratos están ya hechos.
Y los que vinieron en vano a llamarme, se han vuelto, coléricos.
(Porque)
Sólo espero al amor, para entregarme al fin, en sus manos.

20
Las nubes se amontonan sobre las nubes, y oscurece.
¡Ay, amor! ¿Por qué me dejas esperarte, solo en Tu puerta?
En el afán del mediodía, la multitud me acompaña;
Pero en esta oscuridad solitaria, no tengo más que Tu esperanza.
Si no me enseñas Tu cara…
Si me dejas del todo en este abandono,
¿Cómo voy a pasar estas largas horas lluviosas?
Miro la lejana oscuridad del cielo,
Y mi corazón vaga gimiendo con el viento… sin descanso.
21
Aquel día en que abrió el loto,
Mi pensamiento andaba vagabundo… y no supe que florecía.
Mi canasto estaba vacío… y no vi la flor.
Sólo de vez en cuando, un “no sé qué” de tristeza caía sobre mí;
Y me levantaba sobresaltado de mi sueño,
Y olía un rastro dulce de una extraña fragancia
Que erraba en el viento del sur.
Su vaga ternura traspasaba de dolor nostálgico mi corazón.
Me parecía que era el aliento vehemente del verano
Que anhelaba completarse.
¡Yo no sabía entonces que el loto estaba tan cerca de mí,
Que era mío,
¡Que su dulzura perfecta
Había florecido en el fondo de mi propio corazón!
22
¿Cuándo echaré mi barca a la mar, Señor?
Las horas lánguidas se me pasan en la orilla
¡ay!
La primavera acabó de florecer y se ha ido.
Estoy cargado de vanas flores marchitas… espero y tardo.
Se han puesto las olas clamorosas,
Y en la vereda a sombra de la orilla,
Las hojas amarillas aletean y caen.
¿Qué miras, di, en el vacío?
¿No sientes estremecerse el aire
De una canción lejana que viene, flotando, desde la otra orilla?

23
En la profunda oscuridad de julio lluvioso,
Tú vas caminando en secreto…
Mudo como la noche… evitando a los que te vigilan.
Hoy, la mañana ha cerrado sus ojos,
Sin hacer caso, de la insistente llamada, del huracán del este,
Y un espeso manto ha caído, sobre el azul siempre alerta del cielo.
Los bosques han dejado de cantar,
Las puertas de las casas están todas cerradas.
Tú eres el transeúnte solitario de la calle desierta.
¡Único amigo mío… mi más amado amigo;
Mira abiertas las puertas de mi casa;
¡Y no pases de largo como un sueño!

24
¿Has salido esta noche de tormenta,
En tu viaje de amor?… ¡amigo mío!
-El cielo se queja como un desesperado-
¡No puedo dormir!
Abro mi puerta a cada instante y miro a la oscuridad,
Mas nada veo.
¡Amigo mío! ¿Dónde está tu camino, di?
¿Por qué vaga ribera de qué río de tinta?
¿Por qué lejano seto de qué imponente floresta?
¿A través de qué intrincada profundidad oscura…
Vienes trenzando tu ruta hacia mí?… ¡amigo mío!
25
Si se ha acabado el día,
Si ya no cantan los pájaros,
Si el viento rendido ha flojeado…
Cúbreme bien, con el manto de la sombra.
Como has cerrado tiernamente
Las hojas del loto desfallecido en el crepúsculo…
¡Quítale la vergüenza y la pobreza al caminante
Que ha vaciado su alforja antes de acabar el viaje…
Que tiene roto y empolvado su vestido,
¡Su fuerza está exhausta!
¡Renueva su vida, como a una flor!
Bajo el manto de esta noche misericordiosa.

26
En la noche fatigada,
Déjame entregarme sin lucha al sueño,
Con mi confianza en Ti
¡No consientas que fuerce mi espíritu flojo
A una pobre preparación para adorarte!
¿Acaso no eres Tú
Quien corre el velo de la noche, sobre los ojos rendidos del día…
Para renovar su sentido, con la refrescada alegría del despertar?

27
Vino, y se sentó a mi lado;
Pero yo no desperté.
¡Maldito sueño aquél, ay!
Vino en la noche tranquila.
Traía el arpa en sus manos,
Y mis sueños resonaron con sus melodías.
¡Ay!, ¿por qué se van así mis noches?
¿Por qué no lo veo nunca cuando su aliento está rozando mi sueño?
28
¡Luz! ¿Dónde está la luz?
¡Enciéndela, ardor brillante del anhelo!
Aquí está la lámpara, pero ¿y el aleteo de la llama?
¿Es éste tu destino, corazón?
¡Ay, cuánto mejor fuera la muerte!
La miseria llama a la puerta,
Y te dice que Tu señor está desvelado,
Que te llama en cita de amor, entre la sombra de la noche…
Los nubarrones cubren el cielo, la lluvia no para.
¡No sé qué es esto que se mueve en mí,
No sé qué quiere decir esto que siento!
El resplandor momentáneo del relámpago
Me arrolla una sombra más profunda sobre los ojos.
Mi corazón busca a ciegas por el camino
Que va adonde la música de la noche me está llamando…
¡Luz! ¡Ay!, ¿dónde está la luz?
¡Enciéndela, ardor brillante del anhelo!
-Truena, y el viento se abalanza clamoroso,
Y la noche está negra como la pizarra.
-¡No dejes que pasen las horas en la sombra!
¡Enciende la lámpara del amor con Tu vida!
29
Firmes son mis ataduras del ego;
Mi corazón me duele si trato de romperlas.
No deseo más, que Libertad;
Pero me da vergüenza esta esperanza.
Sé bien que tesoro inapreciable es el Tuyo,
Que Tú eres mi mejor amigo;
Pero no tengo corazón…
Para barrer el oropel, que llena mi casa…
De polvo y muerte es el sudario que me cubre.
¡Qué odio le tengo al ego! Y, sin embargo, lo abrazo enamorado.
Mis deudas son grandes…
Infinitos mis fracasos… secreta mi vergüenza…
Pero cuando vengo a pedirte mí bien,
Tiemblo temeroso, no vaya a ser oída mi oración.

30
Estoy llorando…
Encerrado en la mazmorra de mí nombre.
Día tras día, levanto, sin descanso…
Este muro a mí alrededor;
Y a medida que sube al cielo,
Se me esconde mi Ser Verdadero… en la sombra oscura.
Este hermoso muro ¡es mi orgullo!
Y lo enluzco con cal y arena,
¡No vaya a quedar el más leve resquicio!
Y con tanto y tanto cuidado, pierdo de vista mi verdadero Ser.
31
Salí solo a mi cita.
¿Quién es ese que me sigue en la oscuridad silenciosa?
Me echo a un lado para que pase, pero no pasa.
Su marcha jactanciosa levanta el polvo,
Su voz recia duplica mi palabra.
¡Señor, es mi pobre “yo” miserable!
Nada le importa a él de nada;
Pero ¡qué vergüenza la mía, de venir con él a Tu puerta!
32
“Prisionero, ¿quién te encadenó?”.
“Mi Señor”, dijo el prisionero.
“Yo creí asombrar al mundo con mi poder y mi riqueza,
Y amontoné en mis cofres dinero que era de mi Rey.
Cuando me venció el sueño, me eché sobre el lecho de mi Señor.
Y al despertar, me encontré preso en mi propio tesoro.”
“Prisionero, ¿quién forjó esta cadena inseparable? ”
Dijo el prisionero: “Yo mismo la forjé cuidadosamente.
Pensé cautivar al mundo con mi poder invencible…
Que me dejara en no turbada libertad…
Y trabajé, día y noche, en mi cadena,
Con fuego enorme y duro golpe.
Pero cuando terminé el último eslabón…
Vi que ella me tenía agarrado.”
33
Los que me aman en este mundo,
Hacen todo cuanto pueden por retenerme;
Pero Tú no eres así en tu amor,
Que es más grande que ninguno,
¡Y me tienes libre!
Pasan y pasan los días, y Tú no te dejas ver.
Y aunque no te llame en mis oraciones…
Aunque no te tenga en mi corazón…
Tu amor siempre espera a mi amor.
34
Entraron –como legión- en mi casa con el alba, diciendo:
“Cabremos bien en el cuarto más pequeño”.
Y decían: “Te ayudaremos en el culto de tu Dios,
Y nuestra humildad tendrá de sobra, con la parte de gracia que le toque”.
Y se sentaron en un rincón, y estaban quietos y sumisos.
¡Pero en la oscuridad de la noche
Sentí que forzaban la entrada de mi santuario,
¡Fuertes e iracundos!
Que se llevaban, con codicia impía,
¡Las ofrendas del altar de mi Dios!

35
Que sólo quede de mí, Señor,
Aquel poquito con que pueda llamarte ¡mi todo!
Que sólo quede de mi Voluntad
Aquel poquito con que pueda sentirte en todas partes…
Volver a Ti en cada cosa…
Ofrecerte mi amor en cada instante…
Que sólo quede de mí Señor,
Aquel poquito con que nunca pueda esconderte.
Que sólo quede de mis cadenas
Aquel poquito que me sujete a Tu anhelo…
Aquel poquito con que llevo a cabo Tus propósito en mi vida;
¡La cadena de Tu Amor!

36
Permite, Padre,
Que mi patria se despierte en un cielo
Donde nada tema el alma y se lleve erguida la cabeza;
Donde el saber sea libre;
Donde no esté roto el mundo en pedazos…
Donde la palabra surja de las honduras de la Verdad…
Donde el luchar infatigable tienda sus brazos a la Perfección…
Donde la clara fuente de la razón no se haya perdido…
¡En el triste arenal desierto y de la yerta costumbre!…
Donde el entendimiento,
Vaya Contigo en acciones e ideales ascendentes. ..
¡Permite, Padre mío!
¡Que mi patria se despierte en ese cielo de libertad!

Pueden descargar el audio de Tagore en formato MP3 39.6 MB

https://mega.co.nz/#!kl8QFLSA!fvbCQSt-aQ1A2i0DFV8cS3ZLT1LQkMuHmhWec7-JjWQ

Desde aqui pueden descargargar el video de los poemas de Tagore en formato AVI;

Pueden ver el video sin descargar desde este enlace;  http://vimeo.com/84574730

46 Poemas de Tagore from Jesus Saiz Garcia “jesusagrario” on Vimeo.

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