D. Perdone Maestro que lo interrumpa, pero es que me deja perplejo, ¿cómo es eso de que Rusia gane la presente batalla política y luego caiga dividida por ella misma, después de haber triunfado?

R. Caballero, parece que usted no hubiera estudiado Historia Universal. Lea a César Cantú para que se instruya un poco. ¿No fue acaso el viejo Egipto de los faraones, cuna de una poderosa civilización, en la cual bebieron: Solón, Pitágoras, Heráclito de Efeso, Aristóteles, Plotino, Parménides, y muchísimos otros?

¿No fue acaso Egipto la luz de Roma y Asis 077Grecia, de Persia, de Asiria, de Roma, de Troya, de Cartago, de Fenicia, del Ática, de la Macedonia, etc.? Y, sin embargo, siendo cuna de esa antigua civilización del signo zodiacal de Taurus, siendo la piedra fundamental o cimiento de esa antiquísima cultura, que databa de época remotísima, ¿no recuerda usted el acontecimiento de Marco Antonio y Cleopatra? ¿Ignora usted la decadencia que minó los cimientos de esa arcaica civilización? ¿No se dividió a sí mismo el Egipto? ¿No fraguó dentro de sí misma y con luchas intestinas su caída? ¿No fueron sus mismos hijos quienes corrompieron su propio pueblo? ¿No fueron ellos quienes inconscientemente le prepararon la entrada a Darío, rey de Persia?

Y Jerusalém, la ciudad querida de los profetas, el imperio del viejo Salomón, ¿acaso no fue ella misma, aquélla que apedreó a sus propios profetas, y se arruinó a sí misma con guerras intestinas entre las doce tribus de Israel, después de haber fundado una poderosa civilización entre los países de la Media Luna, la Persia, la Etiopía, con esas ideas luminosas que brotaban desde las cumbres de Sión?

¿Cree usted acaso, amigo mío, que Nabucodonosor, el poderoso rey de Babilonia, hubiese podido asaltar la sagrada ciudad de los profetas y el Templo de Salomón, si los propios hijos de Judá no se hubiesen corrompido?

¿Cree usted acaso, amigo mío, que el rey Darío de Persia hubiese podido destruir a Babilonia y matar a Baltasar, hijo de Nabucodonosor, si éste y su pueblo no se hubiesen corrompido?

¡Oh!, amigo, usted está crudo en historia, pero yo le diré a usted que el “Mene, Mene, Phares Upharsin” (o sea, el “Mene Tekel Phares” como figura en las escrituras) que escribió el Ángel en el encerado de la pared, tras los resplandecientes candelabros de oro y plata en el fastuoso banquete de Belsasar, se podría también aplicar a Rusia y a Roma. Ya verá usted, amigo mío, comprobada esta profecía dentro de algún tiempo.

Gnosis develada X El V.M. Samael Aun Weor