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Los apóstoles como parte del Ser

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Los cuatro Evangelios fueron escritos 400 años después de Cristo, no por los apóstoles, sino por los discípulos de los apóstoles y, como ya dije (Samael Aun
Weor), están escritos en clave.
Los doce apóstoles son las doce partes de nuestro propio Ser.
Marcos simboliza el león (elemento fuego).
Lucas simboliza el toro (elemento tierra).
Mateo representa un joven (elemento agua).
Juan representa el águila (elemento aire).
Pedro, dentro de cada ser humano, es el hierofante del sexo, una de las partes de nuestro propio Ser. El Cristo íntimo instruye siempre a Pedro. Pedro tiene las llaves del Reino, tiene poder para abrir o cerrar las puertas de los cielos en nosotros y dentro de nosotros.
Pedro, muriendo crucificado con la cruz invertida y la cabeza hacia abajo, nos está indicando la necesidad de bajar a la novena esfera, el sexo, para trabajar con el fuego y el agua. Pedro, Patar, con sus tres letras radicales sabe muy bien que la clave del arrepentimiento está en el sexo. Las tres letras radicales de Pedro, Patar son las siguientes: P.T.R..
¿Y qué diremos de Marcos, quien guardara con tanto amor los Misterios de la Unción Gnóstica?
¿Y qué de Pablo, con la filosofía de los gnósticos? Hay un Pablo que nos muestra el camino de la sabiduría, de la filosofía, de la Gnosis.
Lucas, con su evangelio solar es profeta, y nos indica lo que ha de ser la vida en la Edad de Oro.
Felipe, el apóstol de Jesús, existe dentro de nosotros mismos, aquí y ahora. Uno es el Felipe histórico y otro el Felipe Intimo. Felipe, dentro de cada ser humano, es una de las partes autoconscientes de nuestro propio Ser. Felipe debe enseñarle al Iniciado a viajar conscientemente fuera del cuerpo físico. Felipe debe enseñarle prácticamente al Iniciado, a meter el mismísimo cuerpo físico dentro de las dimensiones superiores para viajar por entre el hiperespacio.
Existe una clave para invocar a Felipe: Al cielito Felipe, esa es la clave. Repítase tal frase millares de veces. Adormézcase el místico, concentrado en Felipe. Sumérjase el místico en meditación invocando a Felipe, levántese de la cama cuando sienta su cuerpo en estado de lasitud, y avance invocando a Felipe.
Juan, el Bautista, es el mismo Elías reencarnado. Juan, el Puro, el Verbo, reina en el reino de la Luz. I.E.O.U.A.N., Juan, es la Palabra, el Ejército de la Voz, la hueste colectiva de los Elohim creadores. El Juan Bautista histórico alegoriza al Juan Bautista Interior, de cada uno de nos.

Juan, dentro de nosotros, es el Verbo, la Palabra, una parte autónoma y auto-consciente de nuestro propio Ser. El Juan intimo está dentro de nosotros mismos, aquí y ahora.
Todo Iniciado debe encontrarse con esa parte de su Ser que se llama Juan, el Bautista. El encuentro con Juan, se realiza siempre en el Edén.
Andrés, dentro de nosotros es esa parte autónoma y auto-consciente de nuestro propio Ser que se ocupa de los Tres Factores de la Revolución de la Conciencia.
La Cruz de Andrés suele ser terriblemente dolorosa. Los padecimientos del Iniciado crucificado en la Cruz de Andrés son indecibles. Sin lágrimas, arrepentimiento y supremo dolor, no es posible desintegrar los agregados psíquicos. Ahora podemos comprender mejor los sufrimientos indecibles de nuestro Andrés Interior. Sacrificio supremo del Andrés Interior es urgente, inaplazable, impostergable.
La Cruz de San Andrés tiene la forma de equis, que es el jeroglífico extraordinario de las radiaciones luminosas y divergentes emanadas del Logos Solar. En el centro de la Cruz de San Andrés resplandece la rosa, símbolo del Logos Solar. La Cruz de San Andrés simboliza iluminación, revelación, después de pavorosos sacrificios.
La Cruz griega y la de San Andrés tienen en ciencia hermética el mismo significado; empero, cruz en equis indica el trabajo completo en la Gran Obra. Si resplandeciere la rosa sobre la Cruz de San Andrés, la Obra habrá sido victoriosamente concluida.
Andrés y su Cruz es algo profundamente significativo. La Cruz de San Andrés en la cual muriera crucificado, es alquimista. Andrés y su doctrina es la lucha por desintegrar los agregados psíquicos, Andrés con su Cruz, debe cristalizar el Azufre y el Mercurio en la forma de los Cuerpos Existenciales Superiores del Ser. El Andrés Interior se perfecciona cuando los Cuerpos Existenciales Superiores del Ser se han perfeccionado.
Tomás es esa parte del Ser que se relaciona con el sentido de la comprensión íntima. Tomás es, pues, cognición, comprensión e infinita paciencia. Los hermanos de Tomás son los once y aún más, todas las partes autónomas y auto-conscientes del Ser. Incuestionablemente todas las partes del Ser están obligadas a trabajar en la Auto-Realización Intima del Ser.
El trabajo de Tomás es muy paciente, pues él está obligado a proveer eso que se llama comprensión. Cada parte del Ser da su solución al arrepentimiento del Alma, más, solo Tomás da la última palabra. Lo que Tomás sabe, lo ha recibido del Cristo Intimo.
Tomás, el Tomás particular de cada uno de nosotros, solo acepta al instructor del mundo, al Cristo Intimo dentro de cada uno de nosotros. El Tomás que existe dentro de cada uno de nosotros, deposita su mente en manos del Cristo Intimo. El Evangelio de Tomás es maravilloso.
Mateo, según la ciencia, dice siempre cosas terriblemente divinas. Ciertamente, Mateo es el apóstol de la Ciencia Pura. El Evangelio de Mateo da todos los datos científicos para reconocer los tiempos del fin. Lo importante para nosotros es nuestro propio Mateo, el Mateo Interior. Incuestionablemente el Mateo es una de las doce partes de nuestro Ser individual.

El Cristo Intimo enseña a Mateo. La luz del Señor ilumina a Mateo.
Mateo, según la ciencia, habla en su Evangelio científicamente anunciando los tiempos del fin en los cuales estamos ahora. Mateo, según la ciencia, habla en Pistis Sophía.
Santiago en el interior de nuestro Ser, es el bendito patrón de la Gran Obra. Santiago es el Mercurio dentro de nosotros. Es el Mercurio de la Filosofía Secreta el fundamento mismo de la Gran Obra. Sólo el Padre de todas las Luces, el Padre Íntimo de cada uno de nos, puede iluminarnos con la sabiduría a través de Santiago.
Quien estudie la epístola universal de Santiago, entenderá los principios de la Gran Obra. El Padre de todas las Luces, a través de nuestro propio Santiago Interior, nos enseña los Misterios de la Gran Obra. Es pues Santiago, una de las partes autónomas y auto-conscientes de nuestro propio Ser.
Santiago-Mercurio, se encuentra íntimamente relacionado con la Ciencia Trasmutatoria del Jesod-Mercurio. El libro fundamental de la Gran Obra, que Santiago lleva en sus manos, es el Apocalipsis. Incuestionablemente, el Apocalipsis es el libro de la sabiduría que sólo es comprensible para los alquimistas. Sólo los trabajadores de la Gran Obra pueden comprender el Apocalipsis.
JUDAS REPRESENTA LA DISOLUCIÓN DEL EGO, del Yo, del mí mismo, del sí mismo. El Evangelio de Judas es la muerte del mí mismo; ¡y he ahí lo grandioso: Sin Judas no hay Drama Cósmico!

Gnosis develada X El V.M. Samael Aun Weor