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Diálogo entre El V.M. Samael Aun Weor y discípulos sobre las Culturas Mayas y Nawatls

DISCIPULO: Vemos aquí, Maestro, el Valle de México, y en todo el centro del Valle hay una montaña. Cuando fuimos a esa montaña, nos dimos cuenta de que es un volcán situado en el centro de la montaña. Y allí hay una pirámide, en todo el centro. Claro que está destruida, pero entonces captamos que hay un círculo en el centro de la montaña, donde está precisamente ubicada la pirámide. Como en el Valle hay otras ciudadelas antiguas –muchas ciudades–, donde en determinadas épocas del año se encendían fuegos para los ritos ceremoniales, entonces desde allí se daban las señales hacia las otras. ¿No es cierto, Maestro?

MAESTRO: Sí, a través de caracoles.

DISCIPULO: Exacto; se comunicaban por medio de caracoles. El fuego que allí prendían era como un mensaje, dirigido a las otras ciudades.

MAESTRO: Sí, los Ritos Ceremoniales de aquellos pueblos, que se celebraban cada 52 años: la Renovación de los Fuegos, que se usaba mucho en los tiempos antiguos.

DISCIPULO: Allí Maestro, ponían aceites y resinas, para encender ese fuego. ¿Estoy en lo cierto, Maestro?

MAESTRO: El Fuego Sagrado. Cada 52 años hacían fiestas especiales, de rituales especiales del Fuego.

DISCIPULO: Maestro, otra cosa que me permitieron captar, es que allí hay unas cuevas, dentro de la montaña, donde hay un tesoro guardado, además de un Templo de oro puro. ¿Es eso cierto, Maestro?

MAESTRO: Sí.

DISCIPULO: Yo no sé si es el tesoro de Moktezuma, o de quien es, Maestro.

MAESTRO: Bueno, el tesoro de Moktezuma no está allí.

DISCIPULO: Pero hay un tesoro, ¿no es cierto?

MAESTRO: Hay un tesoro allí, pero no es el de Moktezuma.

DISCIPULO: Cuando llegaron los conquistadores, lo guardaron allí, en el centro de esa montaña. ¿No es así, Maestro?

MAESTRO: Los Dioses Nawatls dejaron todos su tesoros guardados. En cuanto a lo de los conquistadores, no he investigado ese caso.

DISCIPULO: Me refiero, Maestro, a que cuando ellos llegaron, pues escondieron sus tesoros.

MAESTRO: Sí, las gentes autóctonas escondían esos valores –piedras preciosas– que simbolizaban o alegorizaban determinadas virtudes, etc., etc., etc., eso es obvio.

DISCIPULO: Nosotros, Maestro, en cada pirámide hacemos pequeñas meditaciones.

MAESTRO: ¡Correcto!

DISCIPULO: Hoy hemos venido a traerle esto.

MAESTRO: Realmente, yo casi nada he leído –si es que nada–, sobre antropología. Sin embargo, todo esto que existe aquí, entre los Nawatls y entre los Mayas, todo lo conozco íntegro, todo. Me ha resultado, inclusive, que ya lo había conocido. ¿Por qué? Porque en los tiempos antiguos, yo estuve relacionado con esta gran cultura, con estas culturas Mayas y Nawatls. A mí me tocaba venir de la Atlántida, conduciendo caravanas.

DISCIPULO: Maestro, ¿en esas épocas habían camellos, venían en camellos también?

MAESTRO: Sí venían, pero por el Norte del Golfo de México, donde había una franja de tierra que comunicaba al Africa, a través de la Atlántida. Entonces venían, ciertamente, en caravanas. Se hospedaban en los “caravancin”, especies de restaurantes o “cafés” –más bien diríamos restaurantes u hoteles–, allí se hospedaban. Yo siempre me encontraba esta gente de raza negra que venía del Africa, a través de la Atlántida. Yo conocí todo eso, y también muchas veces me tocó conducir peregrinaciones hasta Teotiwakan y Yucatán. A eso se debe que yo me conozca toda esa sapiencia de los antiguos Nawatls, Mayas, Toltecas, Zapotecas, etc.

Abunda mucho una forma de cabeza que hay por allí, de un sujeto de facciones negras. Yo lo conocí. Esa es una recordación de los iniciados africanos que venía hasta acá.

Repito: conocí esa sabiduría antigua de los Mayas, Zapotecas, Toltecas, etc. Yo no he leído casi nada sobre antropología, no he leído, para ser más claro. Lo que conozco yo en cuestiones autóctonas, es algo completamente experimentado por mí mismo; porque cuando venían las caravanas, y venían del Norte de Africa –de toda el Africa; pero especialmente del Norte de Africa– hasta acá, fui testigo de muchas cosas. Había caravanas que venían desde Atlántida, caravanas que venían de Africa, a través de la Atlántida.

Como ya dije, había una franja que comunicaba con el Africa, por el Norte del Golfo de México. Allí encontraba yo, siempre, muchas caravanas de africanos que venían a través de la Atlántida y llegaban al Norte de México. Yo conocí a esos negros africanos que se hospedaban en los “caravancin”, especie de hoteles que habían. Ahí se quedaban, ahí se hospedaban. Y había también iniciados africanos negros. Todavía, como recuerdo de eso, aparece un tipo de cabeza grande, de pómulos salientes y boca africana, nariz africana, los antropólogos le dan determinado nombre. Bueno, yo oigo lo que dicen, pero yo digo lo que sé. Lo que dicen es una cosa, y lo que yo sé, es otra.

olmecas-misterioQuien observa esas cabezas de piedra, enormes, con facciones africanas, verá que ciertamente son africanas, y son recordación de aquéllos iniciados africanos que venían, pues, desde el Africa a través de la Atlántida.

Africa no se llamaba “Africa” en aquélla época; era entonces un pequeño continente: el Continente de Graboncsi. Sí, ese continente no era muy grande; era pequeño el Continente de Graboncsi. Más tarde, después de la sumersión de la Atlántida, nuevas tierras surgieron del fondo de los mares y se añadieron a ese continente y creció, se hizo grande. Pero en los tiempos aquellos, pues, de los que les estoy hablando, el Continente de Graboncsi era muy pequeño. Los iniciados africanos venían desde el Africa, a través de la Atlántida, y llegaban al Norte del Golfo de México, y como secuencia de esto, los descendientes levantaron monumentos y luego tallaron cabezas, como testimonio de aquella gente africana. Pero, realmente observen ustedes que no coinciden con ninguna de las razas pre-hispánicas, establecidas aquí en el país; es un tipo completamente negroide: ¿De dónde salió? ¡Recordación de aquélla época!

Con el hundimiento de la Atlántida, fue desaparecida aquella franja de tierra que comunicaba con el Africa por el Norte del Golfo de México. Se acabó, se tragó el océano esa franja de tierra y hubo cambios colosales. Por ejemplo, normalmente a mí me gustaba vivir en un valle muy tranquilo, que había donde hoy está el Golfo de México. Sucedió que con la gran catástrofe, entonces aquel valle fue inundado por las aguas y hoy es el Golfo de México.

Hubo cambios terribles en la corteza geológica. Esto estaba lleno de muchos reinos; a mí me encantaba vivir de reino en reino. Yo visitaba todos estos reinos, y a estos reinos no se les llamaba “México”, tenían distintos nombres, según los reyes, según las tradiciones. Claro, más tarde México o Mexitlan vino a tomar su nombre, pero en aquella época que yo les cuento, habían muchos reinos, muchos. Yo los conocí. Todos esos conocimientos y todo lo que hay en esas piedras, toda esa cuestión, son conocimientos esotéricos trascendentales. A mí me ha tocado o me tocará develarlos, y me ha tocado desde antes. Yo fue testigo de los cultos que se hacían, tanto en Yucatán como en la antigua Tenochtitlan y lugares vecinos.

Pero observen una cosa muy curiosa: ese tipo de cabeza negroide a que estoy aludiendo, no encaja, realmente, dentro de ninguna de las culturas existentes acá. Es algo distinto, algo raro, algo diferente, algo que no tiene que ve con esas culturas antiguas.

DISCIPULO: Ciertamente, Maestro, no encaja, ni dentro de lo Nawatl ni dentro de lo Maya. Eso siempre lo hemos observado, desde hace mucho tiempo: que no encaja, no son iguales. Las pinturas, las expresiones humanas, no encajan.

MAESTRO: No, no encajan.

DISCIPULO: Y estas piedras, maestro, que están aquí, unas en una forma, otras en otra; esas piedras grandísimas, ¿con qué objeto las ponían?

MAESTRO: ¡Ah, eso es allá en Villahermosa, en Tabasco! Yo las he visto; se dice que son de la cultura Olmeca. Hay una construcción que es rectangular, pero está formada por enormes monolitos, enormes rocas, enormes piedras que tienen una disposición, digamos, más o menos así: están clavadas, están empotradas en el suelo y de esta manera, como una gran “jaula” en el centro del cuadrilátero. Y entonces, en la parte de arriba, también tienen unas grandes rocas, a manera de columnas, pero no tienen regularidad, ni simetría, ni nada más. Son enormes, son como una especia de jaula. Cada una de esas piedras empotradas, pues tendrán unos 6 metros de altura. Son gigantes, son como una especie de casa. Las piedras empotradas, están separadas, como una jaula.

DISCIPULO: ¿Podría ser la estructura de una casa, la que luego recubrían con otras cosas, para utilizarlas como vivienda?

MAESTRO: Las cubrían con palmas, o con hierbas, o con otra cosa.

DISCIPULO: ¿Son, entonces, esqueletos de casas?

MAESTRO: Sí, estructuras de casas. Pero esas piedras tan grandes no eran cargadas como creen muchos. ¡No! Entonces se amasaban las piedras, por medio de cierta fórmula que se ha perdido hoy en día.

DISCIPULO: ¿Las amasaban con hierbas?

MAESTRO: Con plantas. Entonces, en el lugar; se colocaba estrictamente la piedra, debidamente amasada. Ellos no las cargaban; ellos las amasaban allí mismo, y colocaban su roca amasada.

DISCIPULO: ¿Eso explica el por qué de esas piedras redondas?

MAESTRO: ¡Sí!

DISCIPULO: Maestro, aquí el hermano conoce a una persona que tiene el secreto de amasar las rocas; él tiene piedras de ese tipo, amasadas. ¿Nos podría usted, Maestro, dar esa clave?

MAESTRO: Bueno, no tengo esa clave, o por lo menos no recuero esa fórmula en este momento. Más tarde puede que la recuerde, pero en este preciso instante no la estoy recordando.

DISCIPULO: Maestro, voy a hacerle otra pregunta. Este Valle del centro de México, donde está el cerro que le nombramos, con su tesoro allí guardado y su templo de oro, ¿lo hizo la Madre Natura como un centro magnético, como un “ombligo”, como una cosa de energía? ¿Está hecho a conciencia?

MAESTRO: Hay muchos centros magnéticos maravillosos, formidables, donde se celebran varios cultos, cada tantos años, como los que se celebraban en Yucatán. Pero el más importante era el de la “Renovación de los Fuegos”, cada 52 años. Es un culto muy especial. Hay un Ciclo del Fuego, cada 52 años.

toltecas_by_jonigodoy-d1bume0DISCIPULO: ¿Cada 52 años se encendía el fuego aquí, en el centro?

MAESTRO: Bueno, se renovaba, había una renovación, venía toda la liturgia, liturgia extraordinaria que se ha perdido.

DISCIPULO: ¿Un cambio, algo nuevo para todos?

MAESTRO: Fuego Nuevo; pero se ha perdido toda esa “Liturgia de Fuego”: se usaron caracoles también, como sahumerios: caracoles negros, blancos, amarillos y rojos. Se reducían al fuego y se usaban como sahumerios en ciertas fiestas religiosas donde se rendía culto a Venus.

DISCIPULO: ¿Qué relación hay, Maestro, entre las conocidas como las “Siete Cabrillas” o “Pléyades”, con el Sol? Porque, precisamente, en esa fecha en la que se cumplía el ciclo de los 52 años, debían pasar esas estrellas perpendicularmente al cerro. Y si pasaban, ellos daban por cierto que al amanecer debía “salir el Sol”, porque está predicho que al término de un ciclo de 52 años, finalizaría el Quinto Sol. Eso, sobre los 52 años, ¿entraña un ciclo mayor? Sabemos que ciclo anual de 52 días, cubre un septenario, verdad? 7×52=364, de modo que debe haber un septenario mayor.

MAESTRO: ¡Naturalmente! Así como dentro de un cosmos hay otro cosmos, y dentro de ese cosmos hay otro, así también dentro de los 7 ciclos de 52 años, hay otros 7 ciclos más grandes que abarcan, pues, a la humanidad entera. Ahora, por ejemplo, estamos dentro del ciclo más grande; nos encontramos exactamente en el Quinto Sol.

Así pues, por esta época aguardamos nosotros la gran catástrofe. Ese acontecimiento será en el Katun-13 de los Mayas, cuando llegue el Katun-13. El Katun-13 entrará en el año 2.043.

DISCIPULO: El Katun, ¿es también un ciclo? Algunos dicen que es un ciclo de 20 años, pero yo creo que no es así, sino de 52 años.

MAESTRO: No. Hay ciclos pequeños y dentro de los ciclos pequeños, hay ciclos más grandes, y dentro de los grandes hay mucho más grandes. Así por ejemplo, el Katun-13 es algo grandioso. En el año 2.043, entrará el Katun 13, y entrando el Katun 13, viene la gran catástrofe, viene en el Katun-13 de los Mayas.

Los Nawatls aseguran que los hijos del Quinto Sol perecerán por el fuego y los terremotos, pero hay siete ciclos –ciclos de 52 años, que son pequeños–, pero dentro de esos 7 ciclos de 52 años, figura el Quinto sol en forma cada vez más y más grande. Por ejemplo, el Quinto Sol pertenece a la Raza Aria; el Cuarto Sol, Raza Atlante; Tercer Sol, los Lemures; Segundo Sol, hiperbóreos; Primer Sol, gentes de la Raza Polar, Protoplasmática. Estamos en el Quinto Sol, por esta época se aguarda la gran catástrofe, por el fuego y los terremotos.

Ahora, en cuanto a “Las Pléyades”, propiamente dichas, tenemos actualmente, habitantes que vienen de esas “Pléyades”. “Las Pléyades” están muy relacionadas con el Archipiélago de los Atlantes; las 7 Pléyades corresponden a las 7 islas más importantes de la Atlántida. Y sucede que los Nawatls eran descendientes de Atlántida; entonces se habló de “Las Pléyades”, conocimiento que a través de los Toltecas, se heredó de la Atlántida.

Así que, “Las Pléyades” son muy importantes: están relacionadas, naturalmente, con las siete islas sagradas y con las siete razas de la humanidad. Si pasan por todo el centro del “Cerro de la Estrella”, pues, hicieron cálculos exactos. Ellos no hablaban de “meridianos”, como nosotros, sino de que “pasaron” y ya. Se podían deducir, de eso, calamidades, guerras, etc.

Todo eso es maravilloso, ¿no? En el “Cerro de la Estrella”, pues, se rendía mucho culto a las cosas cósmicas. Claro, no dejaba de celebrarse, como es natural, cada 52 años, la Renovación del Fuego.

DISCIPULO: Maestro, cuando estuvimos allí, a pesar de ser nosotros animales intelectuales, “lunares”, internamente sentíamos una gran euforia, sentíamos a los Maestros, sentíamos que había algo especial. Sentimos hoy, en fin, una gran alegría, un júbilo en nuestros corazones, cuando llegamos allí.

MAESTRO: Pues estuviste refrescando en tu memoria, los conocimientos que otrora tuviste. Tú estuviste en todas esas cosas, conociste todos esos ritos que se realizaban allí, en el “Cerro de la Estrella”.

DISCIPULO: Sí, Maestro, e incluso me vi en la época de los cincuenta y dos avos, en la que se encendía el fuego. Mi corazón estaba allí, y creo que oímos exclamar: “¡Por fin, por fin regresan!”

MAESTRO: En todo caso, tú fuiste sacerdote de estas tierras, fuiste un sacerdote, antiguo iniciado. Trabajaste, pues, en estos templos de Anawak, y ahora es necesario que vuelvas a refrescar tus conocimientos, como, por ejemplo, cuando se cogía una rosa, una flor, y tú sabías buscar allí, predecir. A través de los pétalos, llegabas al corazón de la rosa y encontrabas ciertas signaturas que te permitían predecir acontecimientos cósmicos. Eso fue en una antigua edad, y esos conocimientos hoy en día se han perdido. Por ahora, lo único que te queda es contar el número de pétalos, para que te vayas orientando. Eso te da el correspondiente arcano y la relación con “Las Pléyades”.

DISCIPULO: Maestro, hoy a las 4 de la mañana desperté y oí que me decían que me acababan de nombrar sacerdote de Tlalok.

MAESTRO: Pues no es que “te acaban de nombrar”: ¡es que eres!

DISCIPULO: Maestro, hay una cosa que no le hemos dicho, ciertas vivencias. Estábamos en una de las pirámides; fue allí donde nos sentimos como eufóricos. Al entrar en el Templo de los Caballeros Aguilas y los Caballeros Tigres, hallamos un recipiente, tallado en el piso los profanos dicen que allí era donde se arrojaban los corazones. Nosotros, por nuestra parte, percibimos que era el lugar donde se encendía el fuego.

Entonces, aunque es una zona arqueológica, con guardianes y toda esa cosa, tuvimos la audacia, con el grupo que llevábamos, de encender el fuego allí. Era como un horno aquello, porque empezó el fuego a crepitar, a sentirse como si un aire lo atizara; empezó el fuego a crecer, en forma maravillosa. Tuvimos que apagarlo porque venía el guardia, pero en lo interno sentimos gran alegría, al oír que los Maestros no dijeron que hacía miles de años que no se encendía el fuego allí, que hacía miles de años que no llegaban gentes así, como ese grupo de hermanos que alguna vez fueron sacerdotes o sacerdotisas.

Luego fuimos a otro templo. También, en similares circunstancias, fuimos recibidos con alegría. Luego fuimos a otro, y nos recibieron con mucha solemnidad, nos dieron un bastón y unas flechas. Más tarde fuimos al Templo de Ketzalkoatl. En esa ocasión fuimos recibidos con mucha severidad; no solamente con solemnidad, sino también con mucha severidad. Entonces temíamos volver, pero al fin lo hicimos. Llevamos a otros dos hermanos y en esta ocasión, por el contrario, se nos trató con una refinada atención, con una refinada armonía, con mucho amor.

MAESTRO: Claro, habían sacerdotes entre ustedes. En lo que a experiencias vividas se refiere, ésta “de plano” es muy cierta.

1-DISCIPULO: Luego, en Teotiwakan, dentro de un templo nos entregaron una capa cubierta de plumas. Esto, naturalmente, nunca se lo habíamos dicho absolutamente a nadie.

MAESTRO: Sí, es que esa es tu herencia, tu herencia secreta. Ahora tienes que volver otra vez a levantarte, para volver otra vez a oficiar; tienes que oficiar.

DISCIPULO: Allí, en ese Templo, donde fuimos la vez anterior, antes de entregársenos ese bastón y esas flechas, se nos dijo: “¡Al fin has vuelto, después de un largo peregrinaje!”

MAESTRO: ¡Y bastante largo y duro el peregrinaje! Ahora, pues, ya estás en el camino.

Ahora hay necesidad de volver otra vez a oficiar, de volver otra vez a actuar, como actuabas en aquellos tiempos. Tú debes recordar que no solamente la gran pirámide en Egipto estuvo orientada hacia Sirio en determinada época, sino que también la Pirámide del Sol coincidía con Sirio en determinadas épocas. Y algunos templos y pirámides, en aquélla época, también se dirigían hacia Sirio. A Sirio se le rindió mucho culto, no solo en Egipto, sino también en los antiguos pueblos de América.

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