Einstein, el famoso autor de la “Teoría de la Relatividad”, a principios de este siglo veinte (conferencia dictada en la decada de 1.970) concibió en su mente genial un Universo curvo, infinito, cerrado como un huevo.

Todavía nos viene a la memoria aquélla exclamación terrible de ese hombre extraordinario, cuando dijo: “¡El Infinito tiende a un límite!”.

Nadie ignora que más tarde Edwin Hubble descubrió, con infinito asombro, en el famoso Observatorio del “Monte Wilson”, que todas las Galaxias que pueblan el espacio infinito, se alejan unas de otras a velocidades fantásticas.

Este hecho, en sí mismo, es innegable. Desgraciadamente, Georges Lemaitre no supo comprenderlo, y buscando causas llegó a conclusiones equivocadas.

“Si el Universo está en continua expansión (explicó en forma absurda), es porque un día hizo explosión a partir de un centro, de un átomo primitivo…”.

Lemaitre, con sus errados cálculos, creyó firmemente que este “núcleo primitivo”, “original”, tenía un diámetro exiguo, pequeño, insignificante: tan sólo la distancia de la Tierra al Sol, o sea 150 millones de kilómetros (ciertamente minúsculo, hablando proporcionalmente).

Este núcleo primitivo tendría, según Lemaitre, una densidad espantosa tal, que la proximidad misma de los átomos elevaría la temperatura, como es natural, a centenares de millones de grados sobre cero. A esa temperatura inconcebible (según dicha teoría), la energía atómica liberada sería tal, y la radiación cósmica tan intensiva, que todo terminaría por dislocarse y entonces sobrevendría la explosión profunda, como la erupción de un espantoso y terrible volcán.

¡Maravilloso todo esto!. Pero, ¿quién puso este HUEVO CÓSMICO?, ¿qué existía antes?, ¿Porqué la cósmica explosión tendría que realizarse en determinado instante y no antes ni después?. ¿Dónde está el fundamento de tal teoría?. ¿Quién fue testigo presencial de tal hipótesis?.

Nosotros los gnósticos comprendemos a fondo que las Galaxias se alejan unas de otras, y eso ya está demostrado, pero esto no significa, forzosamente, que todas ellas partieran de un mismo núcleo.

Einstein dijo: “La masa se transforma en energía”, y todos los sabios del mundo se inclinaron, reverentes, ante esta tremenda afirmación.

También dijo el gran matemático: “La energía se transforma en masa”, y nadie pudo refutar este postulado. No hay duda de que “energía es igual a masa, multiplicada por la velocidad de la luz al cuadrado” (e = m x c2).

Estos sabios postulados vienen a demostrarnos que la masa de todos los Universos es eterna e inmutable, y desaparece aquí para reaparecer allá, en una especie de flujo y reflujo, actividad y descanso, día y noche.

Los mundos nacen, crecen, envejecen y mueren; dejan de existir para transformarse en energía, y luego resurgen, renacen, cuando ésta cristaliza nuevamente en masa.

En la cuenta retrospectiva de los SIETE COSMOS que bullen y palpitan en el espacio infinito, no existe una HORA CERO, o raíz común para todos en conjunto. Aclaro: al decir “raíz común”, en este caso concreto, me refiero al concepto tiempo como HORA CERO. Esto no significa que neguemos la HORA CERO absolutamente. Esta existe, en particular, para cada Universo: es el estado precósmico normal para cualquier Sistema Solar.

FOHAT es llamado “EL QUE PENETRA” y “EL FABRICANTE”, porque mediante los “PUNCTA” da forma a los átomos procedentes de la materia informe.

En el FOHAT se hallan ocultas las Matemáticas, el Ejército de la Voz, la Gran Palabra.

Cualquier explicación sobre la mecánica cósmica que excluya el NUÓMENO tras el fenómeno, el FOHAT tras de cualquier Cosmogénesis, resultaría tan absurda como suponer la aparición de un automóvil por generación espontánea, producto del azar, sin fábrica especial, sin ingenieros, sin mecánicos, etc.

La trayectoria de las Galaxias jamás indica que éstas tengan su origen o punto de partida en un núcleo tan reducido como el “huevo” hipotético de Lemaitre. Como prueba de esto, tenemos que el ángulo de dispersión varía siempre entre 20 y 30 grados, o sea que puede haber pasado a enormes distancias del supuesto centro…

V.M. Samael Aun Weor