cementerioDos cosas van al sepulcro. La primera es el cuerpo físico, la segunda es la personalidad humana. Esta última como ya dijimos, se forma durante los primeros siete años de la infancia y se robustece con las experiencias.

A veces la personalidad deambula por el cementerio, otras, sale de su sepulcro, cuando sus dolientes la visitan y le llevan flores. Pero a poco, la personalidad se va desintegrando.

La personalidad es energética y atómica. La personalidad es perecedera. No existe ningún mañana para la personalidad del difunto, ella es mortal.

La personalidad no se reencarna. La personalidad es hija de su tiempo y muere en su tiempo. Aquella que continúa es la Esencia, es decir, el fantasma del muerto. Dentro de dicho fantasma, se desenvuelven el ego reencarnarte, el Yo, el mi mismo. Este último es legión de Diablos que continúan. Es falso dividirnos entre dos Yoes, uno de tipo inferior y otro de tipo superior. El Yo es Legión de diablos, que se desarrollan normalmente dentro de nosotros mismos, eso es todo.

Mucho se habla en la literatura ocultista de un yo superior, de un yo divino pero resulta que ese tal yo superior no es tal yo. La Seidad Divina, trasciende todo Yoismo. Aquello que no tiene nombre profano es el Ser, el Eterno. La Esencia es molecular, la esencia, el fantasma del muerto, vive normalmente en el mundo molecular, así pues, al morir salimos del mundo celular y entramos en el mundo molecular, en el mundo molecular, usamos un cuerpo molecular.

V.M. Samael Aun Weor