meditar3Vamos a platicar un poco sobre la ciencia de la meditación. Ante todo debemos estar pre­parados, en forma positiva, para recibir estas enseñanzas de tipo superior, a fin de aprove­char debidamente el tiempo. Ha llegado la hora de comprender la necesidad de darle más oportunidad a la Conciencia.

            Normalmente vivimos nosotros, tan pronto en un piso de nuestro templo interior como en otro. Hay gentes que viven siempre en los pisos más bajos, como son aquellos que se ha­llan concentrados exclusivamente en el instinto y la fornicación, es decir, en los pisos cuarto y quinto (centro del instinto y Centro sexual), pisos usados en forma negativa.

            Hay otros que viven en el piso tercero o Centro Motor, y de allí no salen; siempre se mueven dentro del molde de determinadas costumbres, dentro del carril de ciertos hábitos y nunca cambian, como el tren que siempre anda sobre los mismos rieles o carriles paralelos; y estas gentes que viven en este tercer piso, están tan acostumbradas a su tren de hábitos, que de ninguna manera están dispuestos a dejarlos.

            Hay quienes viven en el primer piso, que es el Centro Intelectual; otros viven normalmente en el segundo piso, el de las emociones inferio­res, etc. Quienes viven en el Centro Intelectual, todo lo quieren volver racionalismo, análisis, conceptos discusiones y de allí no salen.

            Otros hay que habitan exclusivamente en el centro de las emociones, dedicados a los vicios del cine, los toros, gallos finos, carreras de caballos, carreras de bicicletas, en fin, ese es su mundo reducido y estrecho, vivir encerrados dentro de la esclavitud de las emociones negativas, y jamás se les ocurre escaparse de tales habitacio­nes. Se hace necesario, pues, insistir en el aspecto de darle más oportunidad a la Conciencia.

            También existen diferentes tipos de sueños; existen sueños intelectuales, y también los hay emocionales; hay también sueños que pertenecen al Centro Motor y sueños sexuales, o que se relacionan exclusivamente con actividades del sexo. Estos sueños reflejan situacio­nes vividas durante el día, es la repetición de las actividades diarias.

             Si la persona vive en el piso de las emocio­nes, sus sueños reflejan situaciones de terror, de locura; si vive en el piso sexual, sus sueños serán lujuriosos, de adulterios, fornicaciones, masturbaciones, etc.; si los sueños pertenecen al Centro Instintivo, entonces se manifiestan, reflejos en los sueños tan incoherentes, tan sumergidos, que se hace muy difícil poder entender tales sueños.

            Cada uno de los cinco centros de la máqui­na humana produce determinados sueños. En nombre de la verdad tenemos que decir que solamente los sueños que corresponden al Cen­tro Emocional Superior, o sea, el séptimo centro, son dignos de tener en cuenta para su consideración, lo mismo sucede con los aspectos positivos del sexto centro, o Centro Mental Superior.

            Los sueños de los diferentes centros inferiores de la máquina humana, no tienen la menor im­portancia, sea el motor o el emocional, el sexual, instintivo o el intelectual; no valen la pena dichos sueños. Necesitamos saber apreciar y distinguir a cuál centro corresponde tal o cual sueño; esto sólo es posible conociendo las actividades de cada uno de los cinco cilindros de la máquina humana.

            Los sueños relacionados con el Centro Emocional Superior son los más importantes porque en ellos encontramos dramas debidamente organizados, de acuerdo con las actividades diarias de nuestra Conciencia, si es que le hemos dado oportunidad para que trabaje.

            Lo que sucede es que aquel Rayo de la Creación del cual emanamos, todo lo constru­ye por medio de ese Centro Emocional Superior, o sea, que se manifiestan las diversas partes superiores de nuestro Ser relacionadas con el Rayo de la Creación, utilizan al Centro Emocional Superior para instruirnos durante las horas del sueño; entonces se pre­sentan escenas bien organizadas, claras y pre­cisas. El propósito es hacernos comprender claramente, el estado en que nos encontramos, hacernos ver nuestros errores, nuestros defectos, etc., etc. Es claro que el lenguaje del Centro Emocio­nal Superior es simbólico, alegórico, y corres­ponde mas bien a la Cábala Hermética, a la Hermenéutica, etc. Incuestionablemente, es por medio de ese Centro como cualquier perso­na dedicada a los estudios esotéricos, puede re­cibir información correcta y precisa.

            Ya hemos enseñado a ustedes que uno debe acostarse siempre con la cabeza hacia el Norte, en posición decúbito dorsal, es decir, boca arri­ba y con el cuerpo relajado, suplicándole a la Divina Madre Kundalini, que nos dé ins­trucción esotérica. También hemos enseñado que hay necesi­dad de acostarse colocado sobre el lado derecho, en la posición de la figura del león, y una vez que despierte el discípulo, debe no moverse y hacer un ejercicio retrospectivo para recordarse de sus experiencias durante el sueño, hasta grabarlas y registrarlas debidamente en su cerebro y memoria, etc., etc.

            Pero es necesario aclarar que no todos los sueños tienen importancia. Los sueños sexua­les, por ejemplo, de tipo pornográfico, erótico, con poluciones nocturnas, etc., son sueños de natu­raleza completamente inferior. No queremos con eso de ninguna manera desdeñar al Centro Sexual, no; lejos de ese propósito estamos, en el sexo se encuentra el mayor poder que puede liberar al hombre del dolor humano, y también el peor poder que puede esclavizar al hombre. En cuanto al sueño instintivo motor, tampoco vale la pena, porque como ya dijimos, solamente refle­ja las actividades del día; lo mismo que los sueños relacionados con el Centro Emocional, son de tipo pasional, brutal, no tienen tam­poco la menor importancia. Los sueños intelectuales, no son más que simples proyecciones que no valen la pena tener en cuenta; los únicos sueños dignos de entrar a considerar seriamente, son aquellos que se relacionan con el Centro Emocional Superior, mas esto hay que saberlo entender para evitar equivocaciones lamentables.

            Es necesario saber interpretar los mensajes puramente alegóricos que recibimos del Centro Emocional Superior, son enseñanzas dadas por Hermanos Superiores de la Blanca Hermandad o por las partes superiores de nuestro Ser. Esto nos hace ver la necesidad urgente que tenemos de comprender el profundo significado de todo simbolismo, que debemos saber traducir en forma precisa, de acuerdo con nuestro desenvolvimiento in­terior.

            Sin embargo, después de hacer estas aclara­ciones sobre el sueño, debo decir que necesita­mos con urgencia pasar mas allá, del mundo de los sueños, despertar en los mundos internos o mundos superiores, mas esto sólo es posible dándole mayores oportunidades a la Concien­cia.

            Normalmente, la mente vive accionando y reaccionando permanentemente, de acuerdo con los impactos del mundo exterior. Comparemos esto con el caso de un lago al cual lan­zamos una piedra: veremos cómo produce mu­chas ondas que van desde el centro hacia la pe­riferia; es la reacción del agua contra el impac­to proveniente del mundo exterior. Algo análogo sucede con la mente y con los sentimientos: si alguien nos hiere con palabras duras, ese impacto de la palabra dura llega al centro del intelecto o centro pensante, y desde allí reaccionamos en forma violenta. Si alguien nos ofende el amor propio, nos sentimos molestos y reaccionamos posiblemente en forma brutal.

            En todas las circunstancias de la vida, la mente y el sentimiento toman parte activa, reaccionan incesantemente. Lo interesante sería, mis caros discípulos, no darle oportunidades ni al sentimiento ni a la mente; es urgente una mente pasiva y esto naturalmente moles­ta a los mentalistas de todas partes.

            La mente pasiva está en contra de todos aquellos que dicen que “en la mente está el poder” y que “el hombre debe ser el rey, el que manda, y el que domina con su mente poderosa”. Son sofis­mas de los mentalistas, como aquel de que, “el que aprende a manejar la mente, va tan seguro al triunfo como la flecha del viejo arquero”… Al fin y al cabo, no son más que sofismas extractados de las fantasías intelectua­les que no tienen ninguna forma esotérica.

            “Pensar negativo”: esto horroriza a los po­sitivistas de la mente, y sin embargo la forma negativa de la mente es la más elocuente; no pensar es la forma más elevada del pensa­miento. Cuando el proceso del pensar se ha agotado, adviene lo nuevo; esto hay que saber­lo entender. Una mente que no proyecte, una mente pasiva puesta al servicio del Ser, resulta un instrumento eficiente, porque la mente está hecha para ser receptiva, para servir de instrumento pasivo, mas no de instrumento activo.

            La mente en sí misma es femenina, y todos los centros deben marchar armoniosamente, de acuerdo con la sinfonía universal de la serenidad pasiva. En estas condiciones, no debemos permitir ni a la mente ni a los sentimientos tomar parte en las diversas circunstancias de nuestra existencia.

            Hasta hace poco tiempo, yo mismo pensaba que los sentimientos pertenecían al Ser, pero con la investigación y la experiencia, he venido a verificar que pertenecen al Ego, y que están íntimamente relacionados con el centro emocional inferior. La terapia que necesitamos conocer a fondo, para evitar cualquier desequilibrio interior con repercusiones exteriores, esto es, no permitirle a la mente ninguna clase de reacción: si alguien nos hiere, no permitirle la mente que reaccione. ¡Ojalá hubiere quien nos hiriese cada rato nuestros sentimientos, para podernos entrenar mucho mejor; mientras más nos insulten, mejor todavía para nuestro entrenamiento, porque tendremos muchas oportunidades de no permitirle a la mente ni a los sentimientos que reaccionen, es decir, que no intervengan ni se metan en ninguna de las circunstancias de nuestra vida.

            Es claro que el estado pasivo de la mente, del sentimiento y de la personalidad, exige una tremenda actividad de la Conciencia; esto no indica que cuanto más activa permanezca la Conciencia, mucho mejor para lograr el desper­tar de la misma, porque así la Conciencia ten­drá que despertar inevitablemente, estando en permanente actividad.

            Me viene en estos momentos a la memoria, el Buddha Gautama Sakyamuni. En cierta ocasión, estaba el Gran Buddha sentado al pie de un árbol, en profunda meditación, cuando lle­gó un insultador: echó contra el Buddha toda su baba difamatoria, procuró herirle tremendamente con la palabra. El Buddha continuaba meditando, mas el insultador seguía provocándolo, insultándolo, hiriendo. Al mucho rato después, el Buddha abrió los ojos y preguntó al insultador: “Oh hermano mío, si a ti te traen un presente y tú no aceptas el presente, ¿de quién queda siendo dicho presente?” El insultador respondió: “Pues mío, claro está”. Entonces le dijo el Buddha: “Hermano mío, llévate tu presente; no puedo aceptarlo”. Y siguió meditando.

            He ahí una lección tan sublime y tan hermosa. El Buddha no permitió que su mente y sus sen­timientos reaccionaran, porque el Buddha vi­vía plenamente despierto, metido dentro de su propia Conciencia, y no daba la menor oportu­nidad ni a la mente ni a los sentimientos para reaccionar en ningún momento ni bajo ninguna circunstancia; así es como debemos pro­ceder nosotros, queridos discípulos.

            La escuela la tenemos en todas partes, sola­mente tenemos que saberla aprovechar, saber entrenarnos, dándole mayores y mejores oportunidades a la Conciencia, para que trabaje en forma continua, de instante en instante, hasta despertar totalmente. La escuela la tenemos en todas partes, solamente tenemos que saberla aprovechar debidamente, sabiamente; la tenemos en nuestra casa, en la oficina, en el taller, en la fabrica, en la empresa, en la calle, y en todas partes, hasta en el Templo; con los compañeros de estudio, con los hijos, con los padres, con la esposa, sobri­nos, nietos, primos, parientes, amigos, etc., etc.

            meditarTodo gimnasio psicológico, por duro que este sea, por difícil que nos parezca, es indis­pensable para nosotros; todo el secreto está en no permitir ni a los sentimientos ni a la mente, intervenir en nuestros asuntos prácticos de nues­tra vida. Debemos siempre permitirle a la Conciencia que sea ella la que actúe, la que mande, la que trabaje, la que hable y haga y ejecute todas nuestras actividades diarias; así nos pre­pararemos armoniosamente para la meditación.

            Hablando, pues, ya en el terreno práctico de la meditación, tenemos que decir que lo que buscamos es, precisamente, pasar más allá de la mente y de los sentimientos, y esto es posible si en la vida práctica nos hemos entrenado intensivamente y nos hemos preparado, a través de la vida diaria, para estos fines maravillosos.

            Esto de la meditación se hace difícil cuando en la vida práctica diaria no hemos pasado por un riguroso entrenamiento, cuando no nos hemos entrenado, debidamente, en el gimnasio psicológico de la convivencia social y familiar, de nuestra vida diaria.

            Debemos, durante la meditación, desembo­tellar la Esencia, el Buddhata, lo mejor que tenemos dentro, lo mas digno, lo mas decente. Precisamente, esta Esencia o Buddhata se en­cuentra enfrascada entre los elementos inhu­manos, entre ese compuesto de agregados psicológicos que constituyen el mí mismo el sí mismo, el Ego. No sería posible experi­mentar lo real, la verdad, lo que ciertamente nos interesa a todos, si no lográramos sacar a la Esencia de entre el Ego. Una Esencia embotellada entre el Ego, no puede experimentar lo real, tendrá que vivir siempre en el mundo de los sueños: en el Cen­tro Intelectual, en el Centro Instintivo, en el Emocional, en el Centro Motor o en el Sexual, pero no podrá en modo alguno escaparse para experimentar la verdad.

            El Gran Kabir Jesús dijo: “Conoced la ver­dad y ella os hará libres”… La verdad no es cuestión de teorías, no es de creer o de no creer; tampoco es cosa de concepto y opinio­nes; no se pueden hacer conclusiones con respec­to a la verdad. Pero, ¿qué es una opinión? Es una proyección de un concepto, con la duda y el temor de que sea otra cosa la verdad. Pero, ¿qué cosa es un concepto? Sencillamente un razonamiento elaborado y debidamente pro­yectado por la mente, que puede coincidir o no con tal o cual cosa. Pero, ¿podemos asegurar que un concepto o una opinión, emitida por el intelecto, sea precisamente la verdad? ¡No! ¿Qué cosa es pues una idea? Una idea puede ser magnífica; por ejemplo, podríamos hacer­nos o formarnos una idea con respecto al Sol; estas podrían ser más o menos exactas, más o menos equivocadas, pero no son el Sol. Así también, podríamos formarnos múlti­ples ideas con respecto a la verdad.

            Cuando a Jesús El Cristo le preguntaron: “¿qué es la verdad?”, guardó silencio; cuando al Buddha Gautama Sakyamuni le hi­cieron la misma pregunta, dio la espalda y se retiró. Es que la verdad no puede ser definida con palabras, una puesta de Sol tampoco. Cualquiera puede tener un gran éxtasis cuando el Sol está para ocultarse entre los esplendores de oro, sobre la cordillera, y tratar de comunicar a otros esa experiencia mística, pero es probable que ese otro señor no sienta lo mismo. Así también, la verdad es incomuni­cable, es real sólo para aquel que la experimenta por sí mismo.

            Cuando nosotros logramos, en ausencia del Ego, experimentar la verdad, podemos eviden­ciar un elemento que transforma radicalmente, esto es, un elemento de altísimo voltaje. Esto es posible, pero hay que saber cómo: poniendo a trabajar a la Conciencia para que reemplace completamente a la mente y al sentimiento, que sea ella la que funciones, la Conciencia incorpora­da, integrada dentro de nosotros.

            Debemos tener una mente pasiva, un sentimiento pasivo, una personalidad pasiva, pero una Conciencia totalmente activa. Comprender esto es indispensable, es urgente, para poder hacernos prácticos en meditación.

            Con la técnica de la meditación, lo que bus­camos es información. Un microscopio nos puede informar sobre la vida de los microbios, bacterias, células, microorganismos, etc.; cual­quier telescopio puede darnos alguna ligera in­formación sobre los cuerpos celestes, planetas, aerolitos, estrellas, etc., pero la meditación va mucho más allá, porque nos permite conocer la verdad, desde una hormiga hasta un Sol, la verdad de un átomo o de una Constelación.

            Lo más importante es aprender, saber en qué forma debemos nosotros desligar, sacar a la Conciencia, de entre la mente y el Ego, cómo va­mos a extraer a la Conciencia de entre el sentimiento. Cuando sometemos a la mente y al sentimiento, pues obviamente, estamos rompiendo cadenas, estamos saliéndonos de entre ese calabozo fatal, de entre esa cárcel. En esas condiciones, nos estaremos preparando para la meditación.

            Ante todo, lo más importante es saber meditar; hay que aprender la técnica correcta. En el mundo oriental se hace mucho énfasis en las posiciones de “Padmasana”, con las piernas cruzadas, pero nosotros no somos orientales, y debemos meditar de acuerdo a nuestras cos­tumbres y maneras (sin embargo, no todos los orientales meditan con las piernas cruzadas).

            En todo caso, cada cual debe adoptar la po­sición que mejor le convenga; el que quiera meditar con las piernas cruzadas, pues que lo haga, no se lo vamos a prohibir, aunque no es la única asana práctica para la meditación. Para una meditación correcta, debemos sentar­nos en un cómodo sillón, con los brazos y las piernas bien relajados, el cuerpo en general bien relajado, que ningún músculo quede en tensión. Habrá también quien quiera tornar la posición flamígera, de la estrella de cinco puntas: los dos brazos abiertos hacia los lados y las piernas abiertas, también hacia los lados, acostados decúbito dorsal, sobre el suelo o sobre su lecho, con la cabeza hacia el Norte; en fin, cada cual puede tomar la figura o la posición que quiera, o la que mejor se acomode.

            Si es que de verdad queremos sacar nuestra Conciencia o Esencia de entre la mente o de entre los sentimientos, o de entre el Yo psicológico, pues poco importa la posición que tomemos o queramos darle forma; no, lo único interesante es saber meditar, no importa lo demás.

            Cualquiera puede tomar una posición oriental, si así lo quiere; otro quiere tomar una posición occidental, pues lo puede hacer; otro quiere tomar cualquier otra posición que mejor le pareció, pues lo puede hacer. Lo importante es que esté cómodo y que pueda hacerse una buena meditación.

            Cada uno es cada uno, y lo único que tiene que hacer es buscar la posición más cómoda, sin ceñirse a ninguna regla o patrón de asana o de sistema. Es muy conveniente sí, relajar el cuerpo; esto es indispensable, en la posición que sea, a fin de que el cuerpo esté cómodo; eso es obvio.

            Muchas veces les he explicado a ustedes cómo se trabaja con el mantram HAM-SAH, que se pronuncia así: JAM-SAJ; este mantram es el símbolo maravilloso que en el oriente hace fecundar las aguas caóticas de la vida, el Tercer Logos.

            Lo importante pues, queridos discípulos, es saber cómo vamos a vocalizar esos mantrams, saber cuales son sus poderes. Normalmente, las fuerzas sexuales fluyen desde adentro hacia afuera, en forma centrífuga, y debido a eso existen las poluciones nocturnas, cuando se tiene un sueño basado en el Centro Sexual. Si el hombre organizara sus sistemas vitales y en lugar de propiciar el sistema centrífugo, utilizara el sistema centrípeto, es decir, que el hombre hiciera fluir las fuerzas sexuales de afuera hacia adentro, mediante la transmutación, aunque hubiese sueño erótico, no habría poluciones; pero como no tiene el hombre organizada la cuestión sexual, así, en forma centrípeta, pues de hecho viene la polución, la pérdida del es­perma sagrado o licor espermático.

            Si uno quiere evitar poluciones, debe saber organizar sus fuerzas sexuales. Estas fuerzas se hallan íntimamente relacionadas con el aliento, con el Prana, con la vida; eso es obvio. Existe, pues, una íntima y profunda relación entre las fuerzas sexuales y la respiración, que debidamente combinadas y armonizadas, originan cambios fundamentales en la anato­mía física y psicológica del hombre. Lo importante es hacer fluir esas fuerzas sexuales hacia adentro y hacia arriba, en forma centrí­peta; sólo así es posible hacer un cambio espe­cífico en el oficio y funciones que puede cum­plir la fuerza creadora sexual.

            Hay necesidad de imaginar a la energía creadora en acción, durante la meditación. Ha­cer que suba en forma rítmica y natural hasta el cerebro, mediante la vocalización del man­tram que ya hemos explicado en este capitulo, en esta práctica de medita­ción; no olvidando las inhalaciones y las exha­laciones del aire en forma sincronizada, en perfecta concentración, armonía y ritmo.

            Es necesario aclarar que debe ser mas pro­funda la inhalación que la exhalación, senci­llamente porque necesitamos hacer refluir la energía creadora desde afuera hacia adentro, es decir, hacer más corta la exhalación que la inhalación.

            Con esta práctica llega el momento en que la totalidad de la energía fluye de afuera hacia adentro y hacia arriba; en esta forma centrípeta, la energía creadora, organi­zada como ya dijimos, en forma centrípeta, cada vez más profunda, de afuera hacia adentro, es claro que se convierte en un instrumento extraordinario para la Esencia, para despertar Conciencia.

            Les estoy enseñando el legítimo Tantrismo Blanco; esta es la práctica que usan las es­cuelas tántricas de los Himalayas y del Indos­tán; es la práctica mediante la cual se pue­de llegar al éxtasis, al Samadhi, o como le quieran denominar.

            Los ojos deben estar cerrados durante la práctica, no se debe pensar absolutamente en nada durante esta meditación; pero si desafortunadamente llega un deseo a la mente, lo mejor que podemos hacer es estudiarlo, sin identificarnos con dicho deseo; después de haberlo comprendido íntimamente, profunda­mente, en todas sus partes, entonces dejarlo listo para someterlo a muerte, a la desintegración por medio de la lanza de Eros.

            Pero si nos asalta el recuerdo de algún acon­tecimiento de ira, ¿qué debemos hacer? Sus­péndase por un momento la meditación y trátese de comprender el acontecimiento que nos ha llegado al entendimiento; hagámosle la di­sección, estudiémoslo y desintegrémoslo con el bisturí de la autocrítica, y luego olvidémoslo y continuemos con la meditación y la respiración.

            Y si de pronto viene a nuestra mente algún recuerdo de cualquier acontecimiento de nues­tra vida, de hace diez o veinte años atrás, ha­gamos el mismo uso de la autocrítica y utili­cemos el mismo bisturí para desintegrar tal recuerdo, para ver qué es lo que tiene de ver­dad; una vez que estemos seguros de que no viene nada más a la mente, entonces continue­mos con la respiración y la meditación, sin pensar en nada, haciendo resonar dulcemente el man­tram HAM-SAH, tal como suena, prolongando la inhalación y haciendo corta la exhalación.

            Repetimos el man­tram: JAAAAAAM-SAJ, JAAAAAAM-SAJ, etc., con profunda quietud y silencio auténtico de la mente; sólo así la Esencia podrá escaparse, aunque sea por un momento, para sumergirse en lo real.

            Mucho se ha hablado sobre el Vacío Ilumi­nador; es claro que podemos llegar a viven­ciarlo por sí mismos; es en ese Vacío donde venimos a encontrar las leyes de la Naturale­za, tal cual son en sí mismas y no como aparentemente son. En este mundo físico solamente vemos la mecánica de causas y efectos, pero no conocemos las leyes de la Naturaleza en sí mismas, mientras que en el Vacío Ilu­minador podemos reconocerlas en forma natural y sencilla, tal cual son.

            En este mundo físico podemos percibir figu­ras planas, pero ¿cómo podremos verlas tal cual, por dentro, por los lados, etc.? En el Vacío Iluminador podemos conocer la ver­dad tal cual es y no como aparentemente nos parece; podemos evidenciar la verdad de una hormiga, de un mundo, de un Sol, de un cometa, etc. La Esencia, sumergida entre el Vacío Ilu­minador, percibe con su centro espa­cial, todo lo que ha sido, lo que es y lo que será, y sus radiaciones llegan a la persona­lidad, las percibe la mente.

            Resulta interesan­te, que mientras la Esencia se encuentra sumergida allá, en  el Vacío Iluminador, vivenciando lo real, los centros de la máquina humana: emocional y motor, se integren con el intelectual, y la mente receptiva, capte y recoja las informaciones que llegan de la Esencia; por eso, cuando la Esencia sale del Vacío Iluminador y vuelve a penetrar en la personalidad, la información no se pierde, queda acumulada en el Centro Intelectual.

            Se nos ha dicho que para poder formar un vacío, se necesita indispensablemente de una bomba de succión; mas esta la tenemos en la espina dorsal, en los canales de Idá y Pin­galá, por donde sube la energía creadora al cerebro. También se nos ha dicho que se necesita un dínamo; éste está en el cerebro y en la fuerza de la voluntad. Y es obvio que en toda técnica debe haber un generador; afortunadamente, tal generador son los órganos creadores, el sexo, la fuerza sexual.

            Teniendo el sistema y los elementos, podemos formar el Vacío Iluminador. La bomba, el dínamo y el generador, son los ele­mentos que necesitamos para lograr tal Vacío Iluminador en la meditación, y solamente mediante el vacío absoluto podemos nosotros conocer lo real, pero necesitamos que la Esencia penetre en ese vacío absoluto.

            En los textos antiguos se habla mucho sobre el Santo Okidanok, omnipresente, omnipenetrante, omnisciente… El emana, naturalmente, del Sagrado Absoluto Solar. ¿Cómo podríamos nosotros llegar a conocer en sí mismo al Santo Okidanok, si no logramos entrar en el Vacío Iluminador?, pues sabido es que el Santo Okidanok está entre el Vacío Iluminador, es uno con el Gran Vacío.

            Cuando uno se halla en el éxtasis, pasa más allá de la personalidad; cuando se halla entre el Vacío Iluminador, experimentando la realidad del Santo Okidanok, es el átomo, es el cometa que pasa, es el Sol, el ave que vuela, es la hoja, es el agua, vive en todo lo que existe; lo único que se necesita es tener valor para no perder el éxtasis, porque al sentir uno que está diluido en todo y uno es todo, siente temor a la aniquilación; piensa: “¿Dónde estoy? ¿Por qué estoy en todo?” Viene pues, el razonamiento, y de hecho pierde el éxtasis y de inmediato vuelve a quedar metido, encerrado otra vez dentro de la personalidad; pero si uno tiene valor, no pierde el éxtasis.

            Uno, en ese momento, es como la gota que se sumerge en el océano; pero hay que tener en cuenta también que el océano se sumerge entre la gota. Eso de sentirse uno siendo el pajarito que vuela, el bosque profundo, el pé­talo de la flor, el niño que juega, la mariposa, el elefante, etc.; eso trae consigo el razonamiento y el miedo; en ese momento, uno no es nada, pero lo es todo. Esto pues, produce te­rror, y por consiguiente fracasa el experimento de la meditación.

            Es pues en el Sagrado Sol Absoluto don­de se viene a conocer la verdad; en el Sagrado Sol Absoluto no hay tiempo, allí el factor tiempo no tiene existencia, allí el Uni­verso es unitotal y los fenómenos de la Natu­raleza se suceden fuera del tiempo; en el Sagrado Sol Absoluto podemos vivir en un eter­no instante. Allí se vive más allá del bien y del mal, convertidos en radiantes criaturas.

            Por eso, cuando uno ha experimentado alguna vez la verdad, no puede ser como los demás que viven solamente de las creencias; no. Allí uno experimenta la necesidad impe­rante e inaplazable de trabajar en la autorrealización íntima del Ser, aquí y ahora.

            Una cosa es experimentar o vivenciar el Vacío Iluminador, y otra cosa es autorrea­lizarnos íntimamente. Por eso hay necesidad de saber meditar, aprender a meditar; es urgente comprender la meditación. Yo espero de ustedes, entiendan esto, que se ejerciten en la meditación, a fin de que un día puedan ustedes desembotellar la Esencia y experimentar la verdad.

            Aquel que logre desembotellar la Esencia y meterla dentro del Vacío Iluminador, tendrá que ser distinto, no podrá ser como los demás. Para esto hay que hacer un curso especial: la persona será diferente y dispuesta a luchar hasta el máximo, con el único propósito de rea­lizar el Vacío Iluminador dentro de noso­tros mismos, aquí y ahora.

            En el Oriente, cuando un discípulo llega a esas experiencias maravillosas, de experimentar la verdad, y va a informarle a su Gurú, éste lo golpea fuertemente con sus manos; es claro que si el discípulo no ha organizado la mente, pues reaccionará contra el Gurú, ¿verdad? Pero esos discípulos están ya muy bien entre­nados. Esto es para equilibrar los valo­res y probar al discípulo, para ver cómo va en la muerte de sus defectos.

            Espero que ustedes hayan comprendido a fondo lo que en realidad es la Ciencia de la Meditación, con el objeto de que la practiquen incesantemente en sus hogares y en los templos de oración. ¿Tienen alguna pregunta que hacer? Con entera libertad, quien quiera puede preguntar.

             P.- Maestro, ¿cómo hacemos para dominar el miedo cuando sentimos que caemos en el Vacío Iluminador, durante la meditación?

            R.- Hay necesidad de combatir el miedo sometiéndolo a la desintegración, hasta convertirlo en polvareda cósmica; que no quede dentro de nosotros nada de esa entidad horrorosa del miedo. Para eso hemos dado las técnicas especificas para desintegrar defectos por medio de la lanza, y con la ayuda de la Madre Divina particular. De esto he hablado ampliamente en mi libro “El Misterio del Au­reo Florecer”.

            Quien no sabe meditar, el superficial el in­tonso, jamas podrá disolver el Ego, será siem­pre un leño impotente entre el furioso mar de la vida.

             P.- Definitivamente, Maestro: ¿quien no medita, no disuelve el Ego?

            R.- No, pues no puede comprenderlo. Si no hay comprensión, ¿cómo podría nadie disol­ver al Ego? Primero es necesario adquirir conciencia de lo que se medita, para luego di­solverlo.

             P.- Siendo esto así, ¿opina usted que el estudiante gnóstico debe meditar diariamente?

            R.- Los gnósticos deberían practicar la meditación, por lo menos, cuatro o seis horas dia­rias; practicar en la mañana, en la tarde y casi toda la noche, hasta que amanezca… Esto debería hacerse durante toda la vida, y si así proceden, vivirán una vida profunda y se autorrealizarían.

            De no hacerlo, llevarán una vida superficial, hueca, una vida de crónica, algo así, dijéramos, como un charco de poca profundidad. Bien sabemos que un charco a la orilla de un cami­no y bajo los rayos del sol, se seca y lo que que­da es la podredumbre. Muy distintos son los lagos profundos, llenos de peces y de vida. De­bemos, pues, aprender a vivir profundamente, y esto se logra con la meditación.

             P.- Maestro: cierta vez se le preguntó a un Instructor cuanto tiempo debería durar una meditación y contestó: “Diez minutos”. ¿Qué opinión le merece esta respuesta?

            R.- Toda meditación debe durar horas: tres, cuatro, seis horas. Ya en el Vacío Iluminador no hay tiempo. La falta de profundidad en los aspirantes, es lo que perju­dica a los hermanitos.

             P.- ¿Quiere decir que no existe seriedad en los aspirantes a la Gnosis?

            R.- ¡Eso es claro y manifiesto! La medita­ción debe ser honda, profunda, prolongada.

V. M. Samael Aun Weor