animal intelectual

El organismo del bípedo tricerebrado, equivocadamente llamado hombre, es una máquina preciosa, con cinco centros psicofisiológicos maravillosos. El orden de dichos centros es el siguiente:

1) – El Intelectual, situado en el cerebro.

2) – El Centro Motor o del Movimiento, ubicado en la parte superior de la espina dorsal.

3) – El Emocional, el cual se halla en el plexo solar y en los centros específicos nerviosos del gran simpático.

4) – El Instintivo, situado en la parte inferior de la espina dorsal.

5) – El Sexual, ubicado en los órganos genitales.

6) – El Emocional Superior.

7) – El Mental superior. Estos dos últimos solo pueden expresarse a través del auténtico cuerpo astral y del legítimo cuerpo mental.

Cuando uno se auto‑observa profundamente, llega a la conclusión de que cada uno de los cinco centros, penetran todo el organismo, y tienen, sin embargo su punto básico capital en algún lugar de la máquina humana.

El centro de gravedad del Intelecto se encuentra en el cerebro; el centro de gravedad del movimiento está situado en la parte superior de la espina dorsal; el centro de gravedad de las emociones radica en el Plexo Solar; el centro de gravedad del instinto, hay que buscarlo en la parte inferior de la espina dorsal; el centro de gravedad del sexo, es claro que tiene sus raíces en los órganos sexuales.

Cada uno de los cinco centros de la máquina, tiene funciones específicas, absolutamente definidas. Un estudio de fondo sobre los cinco centros, nos permite comprender que existe diferencia de velocidades entre éstos, y eso está ya comprobado.

Los estudiantes de tipo seudo‑ocultista y seudo‑esoterista, creen que el centro del pensamiento, o el intelectual, es extraordinariamente rápido, y se equivocan lamentablemente, porque los centros motor e instintivo son 30.000 veces más rápidos. Se nos ha dicho que el centro emocional es todavía mucho más veloz que los centros motor e instintivo; grandes sabios afirman que el centro emocional es realmente 30.000 veces más rápido que los centros del movimiento y del instinto.

La máquina humana, como cualquier otra máquina, se mueve bajo los impulsos de las fuerzas sutiles de la Naturaleza. Las radiaciones cósmicas en primer lugar, y el “yo pluralizado”, en segundo lugar son los agentes secretos que mueven a las máquinas humanas. El Sol con su calor, y el buen o mal tiempo, dan de inmediato lugar a que surjan determinados “yoes” que se apoderan de la máquina; algunos de estos “yoes” suelen ser más fuertes que otros. La lluvia, las contrariedades, las vanas alegrías pasajeras, originan nuevos y molestos “yoes”, pero la pobre marioneta humana no tiene noción de estos cambios, porque tiene la Conciencia dormida, vive siempre en el último “yo”.

Cuando tratamos de imaginar en forma clara y precisa el resplandeciente y alargado cuerpo del Sistema Solar, con todas sus hermosas cubiertas e hilos entrelazados formados por el trazo maravilloso de los mundos, viene entonces a nuestra mente en estado receptivo la imagen vívida del organismo humano con los sistemas esquelético, linfático, arterial, nervioso, etc., que, fuera de toda duda, están constituidos y reunidos de modo semejante.

El Sistema Solar de Ors, este sistema en el cual vivimos y nos movemos y tenemos nuestra existencia, visto desde lejos parece un hombre caminando a través del inalterable infinito. El microcosmos hombre es, a su vez, un sistema solar en miniatura, una máquina maravillosa con varias redes distribuidoras de energía en distintos grados de tensión.

La estructura de la máquina humana consta de siete u ocho sistemas, sostenidos por una armazón esquelética formidable y reunida en un todo sólido, gracias al tejido conectivo. La ciencia médica ha podido verificar que todos estos sistemas del organismo humano están debidamente unidos y armonizados por el Sol del organismo, el corazón vivificante, del cual depende la existencia del microcosmos hombre.

Cada sistema orgánico abarca el cuerpo entero y sobre cada uno reina soberana una de las glándulas de secreción interna. Realmente, estas maravillosas glándulas son verdaderos micro laboratorios colocados en lugares específicos, en calidad de reguladores y transformadores.

Fuera de toda duda, podemos afirmar enfáticamente que estos micro‑laboratorios glandulares tienen la altísima misión de transformar las energías vitales producidas por la máquina humana. Se ha dicho que el organismo humano obtiene sus alimentos del aire que respiramos, de la comida que ingerimos y de la luz del Sol.

Los micro‑laboratorios glandulares deben transformar las energías vitales de estos alimentos, y ésta es una labor sorprendente y maravillosa. Cada glándula debe transformar la energía vital de los alimentos al grado de tensión requerida por su propio sistema y función. El organismo humano posee siete glándulas superiores y tres controles nerviosos. La Ley del Siete y la Ley del Tres trabajan intensamente dentro de la máquina humana. El cerebro espinal produce esas rarísimas funciones conscientes que a veces se manifiestan en el animal intelectual. El simpático estimula a la maravilla las funciones inconscientes e instintivas, y el parasimpático o vago frena las funciones instintivas y actúa como complemento del último.

Tenemos plena razón para afirmar, sin temor a equivocarnos, que estos tres controles nerviosos representan la Ley del Tres, las Tres Fuerzas primarias dentro de la máquina humana, así como las siete glándulas endocrinas y sus productos representan la Ley del Siete con todas sus octavas musicales.

Existe a todas luces un control para soltar impulsos nerviosos activos; otro para soltar impulsos nerviosos pasivos y un tercero para soltar los impulsos mediadores del pensamiento, de la razón y de la Conciencia.

Los nervios, como agentes de la Ley del Tres, controlan a las glándulas que, como ya dijimos, representan a la Ley del Siete. Los nervios controlan a las glándulas, pero a su vez son también controlados, esto es semejante a las funciones específicas de los planetas que se mueven alrededor del Sol, estos mundos controlan y son controlados.

Ya lo dijimos y lo volvemos a repetir que la máquina humana tiene cinco cilindros. El primero es el centro intelectual, el segundo, el centro emocional, el tercero es el centro del movimiento, el cuarto es el centro del instinto y el quinto es el centro del sexo. Hemos explicado muchas veces que los cinco cilindros de la máquina humana están desgraciadamente controlados por el “yo pluralizado”, por esa legión de “yoes” que viven en esos centros psico‑fisiológicos. La máquina humana, como cualquier máquina, se mueve bajo los impulsos de las tres fuerzas de la naturaleza. Las radiaciones cósmicas, en primer lugar, y el “yo pluralizado”, en segundo lugar, son los agentes secretos que mueven a las máquinas humanas. La radiación cósmica está formada por dos grandes grupos de componentes que, así como obran dentro del gran laboratorio de la naturaleza, así también trabajan dentro de la máquina humana.

El primer grupo está formado por rayos de gran dureza y elevado poder de penetración, procedentes del espacio sideral, con energías que oscilan alrededor de los cinco mil millones de electró‑voltios. Estos rayos son los que dan lugar a los impactos con las partículas de la alta atmósfera, dividiéndose en nutridos haces o estrellas de rayos.

La parte dura de la radiación cósmica está formada por protones, neutrones y mesones. Estos últimos están ya debidamente clasificados entre positivos, negativos, neutros, de acuerdo con la Ley del Tres.

El segundo grupo o radiación blanda está formado por rayos secundarios que son producidos dentro de la atmósfera terrestre. Este tipo de rayos son el resultado de los impactos de la radiación dura al chocar contra los átomos del aire, dando lugar a los haces o estrellas de rayos, algunos de ellos formados hasta por 500.000 partículas que, en su desarrollo, llegan a cubrir áreas extensísimas, de acuerdo con las investigaciones realizadas por los hombres de ciencia.

Se nos ha dicho que la energía de los corpúsculos componentes de la radiación blanda oscila entre un millón y cien mil millones de electro‑voltios.

Cualquier conjunción planetaria adversa, cualquier cuadratura nefasta de los mundos, cualquier tensión producida por el exagerado acercamiento de dos planetas, es suficiente para que millones de máquinas humanas se lancen a la guerra, justificándose, claro está, con muchas razones, lemas, banderas que hay que defender, motivos por los cuales hay que pelear, etc.

La tontería más grave de los animales intelectuales es creer que hacen, cuando en verdad nada pueden hacer, son simples marionetas humanas movidas por fuerzas que desconocen. Las radiaciones cósmicas originan, dentro de la psiquis subjetiva del animal intelectual, infinitos cambios en su idiosincrasia psicológica, surgen ciertos “yoes” y se sumergen otros, emergen a la superficie algunos “yoes diablos” mientras otros se pierden entre las cuarenta y nueve regiones sumergidas del subconsciente.

Entonces vienen los asombros, las sorpresas; quien había jurado amor eterno, se retira; quien había jurado fidelidad a la gnosis, la traiciona; quien no bebía alcohol, ahora lo bebe; quien se había propuesto realizar cierto negocio, de pronto pierde todo interés, etc. Las máquinas humanas no tienen sentido alguno de responsabilidad moral, son simples marionetas que piensan, sienten y obran de acuerdo con el tipo de “yo” que controla los centros capitales de la máquina en un instante dado; si ese tipo de “yo” es desplazado, la marioneta humana modifica de hecho sus procesos mentales y sentimentales, resultando de ello acciones distintas y hasta opuestas.

A veces se meten dentro de la máquina humana ciertos “yoes diablos” que no son de la persona, que tienen otros dueños y se acomodan dentro de cualquiera de los cinco cilindros de la máquina; entonces el ciudadano honrado se convierte en ladrón y quien antes no se atrevía a matar ni siquiera un pajarillo, resulta convertido en cruel asesino, etc.

El “yo” que cada ser humano lleva dentro de sí mismo es una pluralidad y su verdadero nombre es legión. La ronda de estos “yoes diablos”, su continua y terrible lucha por la supremacía, depende de muchas influencias externas e internas y, en último caso. de las radiaciones cósmicas.

El Sol, con su calor, y el buen o mal tiempo dan de inmediato lugar a que surjan determinados “yoes” que se apoderan de la máquina; algunos de estos “yoes” suelen ser más fuertes que otros. La lluvia, las contrariedades, las vanas alegrías pasajeras, originan nuevos y molestos “yoes”, pero la pobre marioneta humana no tiene noción de estos cambios porque tiene la Conciencia dormida, vive siempre en el último “yo”. Ciertos “yoes” dominan a otros porque son más fuertes, pero su fuerza es la fuerza de los cilindros de la máquina; todos los “yoes” son el resultado de las influencias externas e internas; en el animal intelectual no existe verdadera individualidad, es una máquina.

Pasemos a estudiar brevemente cada centro por separado, para lograr mejor comprensión del mecanismo de nuestra máquina y así dedicarnos mas efectivamente a la auto‑observación, reflexión y comprensión de nuestros “yoes”.

Centro Intelectual

Está relacionado con todos los procesos del razonamiento del pensamiento en general. Es el centro más lento, y por ende, se manifiestan a través de él, infinidad de “yoes” generalmente relacionados con la sub‑imaginación y la fantasía perniciosa. Debemos ponerle coto a la infinidad de pensamientos que nos asaltan constantemente, impidiéndonos la mejor concentración en los diferentes actos de nuestra vida. El desgaste excesivo de la energía de este centro, ocasiona trastornos psíquicos y físicos, que en última instancia se convierten en locura, esquizofrenia, histeria, etc., etc. La lectura prolongada por horas es perjudicial para este centro. Se debe equilibrar la lectura con la acción del centro motor y emocional, –caminar, respirar profundamente, escuchar música suave, etc.

Centro Motor

Necesitamos auto‑descubrirnos y comprender a fondo nuestros hábitos. No debemos permitir que nuestra vida siga desenvolviéndose mecánicamente. Parece increíble que nosotros, viviendo dentro de los moldes de los hábitos, no conozcamos estos moldes que condicionan nuestra vida; necesitamos estudiar nuestros hábitos, comprenderlos, auto‑observarnos en la manera de hablar, vestir, andar, etc., etc.

Los hábitos pertenecen al centro del movimiento. Los deportes en general, también pertenecen a éste centro. El abuso de la actividad del centro motor conlleva al deterioro de las partes del cuerpo físico o a la invalidez parcial o total del organismo; nuestros movimientos deben ser rítmicos.

Centro Instintivo

Está relacionado con todos los procesos de asimilación físico‑químicos, la degustación, digestión, circulación de la sangre, etc. Además existen los instintos de conservación, instinto sexual, etc.; existen también muchas perversidades del instinto. En todo ser humano existen fuerzas sub‑humanas instintivas que paralizan el verdadero espíritu de Amor y Caridad. Esas fuerzas demoníacas deben primero ser comprendidas, luego sometidas y eliminadas. Son fuerzas bestiales, instintivas, criminales, lujuria, cobardía, miedo, etc.

Centro Emocional

Dos personas reaccionan ante una representación en forma diferente. Lo que es agradable para una persona, es desagradable para otra, todo depende de como se canalice la impresión recibida del mundo exterior. El centro emocional es nuestra antena receptora de todas las impresiones provenientes del exterior. Debemos evitar las impresiones nefastas provenientes de la música arrítmica y altisonante, y conversaciones morbosas o violentas. Las emociones negativas o sub‑humanas se estimulan con el cine y la televisión, en las proyecciones, o películas violentas, pornográficas, novelas mediocres, etc. Los sentimentalismos pertenecen a este centro, el estudio y comprensión de ellos es fundamental para la eliminación del “yo psicológico pluralizado”.

Centro Sexual

Es extraordinariamente sutil y veloz, merced a su fina energía; la mayor parte de sus manifestaciones tienen lugar en un nivel molecular, donde los impulsos son transmitidos miles de veces más rápido que los de la mente.

El sexo puede liberar al hombre o esclavizarlo. Necesitamos trascender la mecánica del Sexo; abusar de él, conlleva a la ruina de todos nuestros valores físicos cosmológicos. El centro sexual es el asiento de nuestra vital energía física.

El “yo” es la raíz del dolor, de la ignorancia y del error. Sólo disolviendo el Ego, el “yo pluralizado”, desaparece la ignorancia, el error y el dolor. Cuando el “yo” se disuelve, adviene a nosotros la auténtica y legitima Felicidad. La Felicidad no tiene nada que ver con el dinero, posición social, lujos, etc. La Felicidad es de la Esencia, Alma, Conciencia o Budhata.

Técnicas de la disolución del “yo”

 El “yo” ejerce control sobre los cinco centros inferiores de la máquina humana, –intelecto, movimiento, emoción, instinto y sexual–; los dos centros superiores del ser humano: el intelectual superior y el emocional superior, no pueden ser controlados por el “yo”, sino por la Esencia, el Budhata o Conciencia. Si queremos disolver el “yo”, debemos estudiarlo en los cinco centros inferiores, necesitamos comprensión. Es urgente comprender las acciones y reacciones de cada uno de los cinco centros inferiores de la máquina humana. El “yo” trabaja con estos cinco centros inferiores y comprendiendo a fondo la actividad de cada uno de ellos, estamos en camino de disolver el “yo pluralizado”.

La Psicología Revolucionaria de la nueva era afirma que la máquina orgánica del animal intelectual, falsamente llamado hombre, existe en forma tricentrada o tricerebrada.

El primer cerebro está encerrado en la caja craneana. El segundo cerebro corresponde concretamente a la espina dorsal con su médula central y todos sus ramos nerviosos. El tercer cerebro no reside en un lugar definido, ni tampoco es un órgano determinado. Realmente el tercer cerebro está constituido por los plexos nerviosos simpáticos y en general por todos los centros nerviosos específicos del organismo humano.

El primer cerebro es el centro pensante. El segundo cerebro es el centro del movimiento, comúnmente denominado centro motor. El tercer cerebro es el centro emocional.

Está completamente demostrado en la práctica que todo abuso del cerebro pensante produce gasto excesivo de energía intelectual. Es pues lógico afirmar sin temor a dudas que los manicomios son verdaderos cementerios de muertos intelectuales.

Los deportes armoniosos y equilibrados son útiles para el cerebro motor, pero el abuso del deporte significa gasto excesivo de energías motrices y el resultado suele ser desastroso. No es absurdo afirmar que existen muertos del cerebro motor. Dichos muertos son conocidos como enfermos de hemiplejia, paraplejia, parálisis progresiva, etc. El sentido estético, la mística, el éxtasis, la música superior, son necesarios para cultivar el centro emocional; pero el abuso de dicho cerebro produce desgaste inútil y derroche de energías emocionales. Abusan del cerebro emocional los existencialistas de la nueva ola, los fanáticos del rock, los seudo artistas sensuales del arte moderno, los pasionarios morbosos de la sensualidad, etc.

Aun cuando parezca increíble, la muerte ciertamente se procesa por tercios en cada persona. Ya está comprobado hasta la saciedad que toda enfermedad tiene su base en cualquiera de los tres cerebros.

La Gran Ley ha depositado sabiamente en cada uno de los tres cerebros del animal intelectual, determinado capital de valores vitales. Ahorrar dicho capital significa de hecho alargar la vida; malgastar dicho capital produce muerte.

Arcaicas tradiciones que han llegado hasta nosotros desde la noche aterradora de los siglos, afirman que el promedio de la vida humana en el antiguo continente Mu, situado en el Océano Pacífico, oscilaba entre doce y quince siglos. Con el devenir de los siglos, a través de todas las edades, el uso equivocado de los tres cerebros fue acortando la vida poco a poco. En el país asoleado de Kem, allá en el viejo Egipto de los faraones, el promedio de vida humana alcanzaba ya únicamente a ciento cuarenta años.

Actualmente (Años 1960 ó 1970) en estos tiempos modernos de gasolina y celuloide, en esta época de existencialismo y rebeldes del rock, el promedio de la vida humana según algunas compañías de seguros (En México), es apenas de cincuenta años. Los señores marxistas‑leninistas de la Unión Soviética, fanfarrones y mentirosos como siempre, por ahí andan diciendo que han inventado sueros especiales para alargar la vida; pero el viejito Kruschev todavía no tiene ochenta años y tiene que pedirle permiso a un pie para levantar el otro.

Existe una ley cósmica conocida como “Igualación de las vibraciones de muchas fuentes”. La pedagogía extemporánea conduce a los alumnos y alumnas al abuso del cerebro pensante cuyos resultados ya conoce la psiquiatría.

El cultivo inteligente de los tres cerebros es Educación Fundamental. En las antiguas Escuelas de Misterios de Babilonia, Grecia, India, Persia, Egipto, etc., los alumnos y alumnas recibían información íntegra directa para sus tres cerebros mediante el precepto, la danza, la música, etc., inteligentemente combinados.

Los teatros de los antiguos tiempos formaban parte de la escuela. El drama, la comedia, la tragedia, combinados con la mímica especial, la música, la enseñanza oral, etc., servían para informar a los tres cerebros de cada individuo. Entonces los estudiantes no abusaban del cerebro pensante y sabían usar con inteligencia y en forma equilibrada sus tres cerebros.

Las danzas de los Misterios de Eleusis en Grecia, el teatro en Babilonia, la escultura en Grecia fueron siempre utilizados para transmitir conocimientos a los discípulos y discípulas.

Ahora, en estos tiempos degenerados del rock, los alumnos y alumnas confundidos y desorientados andan por la senda tenebrosa del abuso mental. Actualmente no existen verdaderos sistemas creadores para el armonioso cultivo de los tres cerebros. Los maestros y maestras de escuelas, colegios y universidades, sólo se dirigen a la memoria infiel de los aburridos estudiantes que esperan con ansiedad la hora de salir del aula.

Es urgente, es indispensable saber combinar intelecto, movimiento y emoción con el propósito de llevar información íntegra a los tres cerebros de los estudiantes. Resulta absurdo informar a un solo cerebro. El primer cerebro no es el único de cognición. Resulta criminoso abusar del cerebro pensante de los alumnos y alumnas. La Educación Fundamental deberá conducir a los estudiantes por la senda del desarrollo armonioso.

La Psicología Revolucionaria enseña claramente que los tres cerebros tienen tres clases de asociaciones independientes totalmente distintas. Estas tres clases de asociaciones evocan diferentes tipos de impulsos del Ser. Esto nos da de hecho, tres personalidades diferentes que no poseen nada en común ni en su naturaleza ni en sus manifestaciones.

La Psicología Revolucionaria de la nueva era, enseña que en cada persona existen tres aspectos psicológicos distintos. Con una parte de la esencia psíquica deseamos una cosa, con otra parte hacemos algo totalmente opuesto.

En un instante de supremo dolor, tal vez la pérdida de un ser querido o cualquier otra catástrofe íntima, la personalidad emocional llega hasta la desesperación, mientras la personalidad intelectual, se pregunta el por qué de toda esa tragedia y la personalidad del movimiento sólo quiere huir de la escena. Estas tres personalidades distintas, diferentes y muchas veces hasta contradictorias, deben ser inteligentemente cultivadas e instruidas con métodos y sistemas especiales en todas las escuelas, colegios y universidades.

Desde el punto de vista psicológico resulta absurdo educar exclusivamente a la personalidad intelectual.

¿Como resolver problemas?

 Es necesario no forjarse problemas en la vida, es preferible salir al campo, llevar una vida mas bien en armonía con el Infinito. Los problemas no son mas que formas mentales creadas por la mente.

¿Qué es un problema? Es una forma mental con dos polos, uno positivo y otro negativo; esas formas mentales se sostienen por la mente y dejan de existir cuando la mente deja de sostenerlas, de alimentarlas.

¿Qué es lo que debemos hacer nosotros? ¿Resolver problemas? No, eso no es lo que se necesita. ¿Entonces qué? Lo que se necesita es disolverlos. ¿Cómo se disuelven? Sencillamente olvidándolos. Cuando uno está con alguna preocupación, debe uno salir un poco al campo y procurar estar en armonía con todas las cosas, con la Naturaleza, con todo lo que es, con todo lo que ha sido y con todo lo que será. Olvidar problemas es básico, ustedes me dirán: “Es imposible olvidar problemas”. Sí es posible; cuando uno quiere olvidarlos lo único que tiene que hacer es poner a trabajar cualquier otro Centro de la Máquina Orgánica.

Recuerden ustedes que el organismo tiene cinco Cilindros muy importantes:

1.- El Centro Intelectual (situado en el cerebro).

2.- El Centro Emocional, (que está naturalmente, en el Plexo Solar y Centros Nerviosos Simpáticos).

3.- El Centro Motor, (se encuentra en la parte superior de la Espina Dorsal).

4.- El Centro Instintivo, (se encuentra en la parte inferior de la Espina Dorsal).

5.- El Centro Sexual, (se encuentra en el sexo).

Estos cinco centros son básicos e indispensables, hay que aprender a manejarlos.

Sinteticemos un poco; pensemos únicamente en el Centro Intelectual, o sea, en el hombre puramente Intelectual; pensemos en el hombre Emocional y también pensemos en el hombre Instintivo‑Motor. Así sintetizando, creo que nos vamos a entender.

En cuanto al hombre Intelectual, pues es el que crea los problemas de toda clase. Si unos tienen problemas dije, resuélvanse olvidándolos, pues bien, lo importante no es resolverlos, sino olvidarlos. Entonces, ¿cómo hacer? Poner a trabajar el Centro Emocional, eso es lo más importante, entonces el Centro Intelectual descansa y así olvidamos el problema. Y si queremos trabajar con otro Centro, podríamos trabajar con el Centro Instintivo‑Motor, esto sería muy diferente. En el bosque por ejemplo, ponemos a trabajar el Centro Emocional y el Instintivo‑Motor. El Emocional se pone a trabajar mediante el intercambio de impresiones, alegrías; en cuanto al meramente Instintivo‑Motor, lo ponemos a trabajar montando a caballo, corriendo, yendo y viniendo por doquier, etc. Pues bien, esta es una clave para disolver problemas y eso es bastante importante.

Si dijéramos que así no se puede resolver por ejemplo, el pago de una letra, o que nos fueran a correr de la casa por no pagar el alquiler, o la deuda que debemos, etc. Bueno, los hechos son hechos y ellos andan por sí solos. Pero el problema es algo muy diferente, el problema es algo que la mente crea, cuando uno lo disuelve deja de existir para uno, pero la gente tiene miedo de resolver un problema, tiene miedo de olvidarlo, y eso es muy grave. Pensar por ejemplo. “Si no pago el alquiler de la casa me corren, tengo que salirme, y ¿dónde me voy?” He allí el temor. Primero que todo uno tiene que aprender a no temer, eso es lo más importante, no temer; cuando termina el temor, pues, la vida le reserva a uno muchas sorpresas agradables; a veces, lo que parecía insoluble se vuelve soluble, lo que parecía un problema demasiado difícil, parecerá luego mas fácil que tomarse un vaso de agua.

De manera que la preocupación saldría sobrando. La preocupación es algo que daña la mente, la preocupación la crea el problema con sus polos positivos y negativos, que no es mas que una forma mental; hace conflicto en la mente, entonces viene la preocupación que daña la mente y que daña al cerebro también. Aprender a vivir de instante en instante es lo que les recomiendo, de momento en momento, sin preocupación de ninguna especie, sin formarse problemas. Cuando uno aprender a vivir de segundo en segundo, de instante en instante, sin proyectar para el futuro y sin las cargas dolorosas del pasado, ve la vida desde otro ángulo, la ve diferente, muy distinta; hagan ustedes el ensayo, se lo aconsejo.

En el bosque por ejemplo, gente tan placentera, tan contenta; va la pobre gente huyendo de los problemas, verdaderamente se los crean ellos mismos; pero por mas que huyan, si no los olvidan, los problemas continuarán existiendo.

Así pues, ese es el consejo que les doy; nunca tengan ustedes temor por nada. Eso sí, no quiero decir que no haya que hacer algo, que no haya que trabajar, que no haya que conseguir dinero para la subsistencia, o para pagar las deudas; todo esto hay que hacerlo, pero sin crearse problemas en la mente. Aprendan a manejar los Centros Intelectual, Motor y Emocional y verán como cambiarán.

Cuando hay preocupación Emocional, cambien de Centro, pongan a trabajar el Centro Motor‑Instintivo, salgan a pasear, cabalguen, caminen aunque sea, pero hagan algo, y verán ustedes que la vitalidad no se les agotará, el cuerpo físico se les rejuvenecerá maravillosamente. Ese es el consejo que les doy.

En el Tíbet, o digo, por allá por el Asia, se dice que hay un monasterio budhista bastante interesante, allí los monjes duran de 400 a 500 años de vida, pero es que ellos saben manejar el Centro Emocional, el Intelectual y el Motor. Cuando se cansan con el Intelectual, siguen con el Emocional. Cuando se cansan con el Emocional, siguen con el Motor, y en esa forma ellos mantienen la energía, no agotan sus valores vitales.

Hay quienes creen que cuando uno viene al mundo, tiene que morir en determinada fecha y en determinada edad, esto es algo discutible; lo que sucede es que los valores vitales que son depositados en el Centro Intelectual, Emocional y Motor, si uno los agota, muere muy rápido; si uno conserva esos valores, puede vivir hasta la edad de 90 y 100 años para arriba. De manera que lo que hay que hacer es aprender a manejar los tres Centros de la Máquina Humana.

Comprenderán por qué les hablo del hombre Intelectual, del hombre Emocional y del hombre Instintivo‑Motor. Aprendan a manejar sus tres Centros en perfecto equilibrio, verán ustedes que pueden conservar sus valores vitales y vivir una larga vida. Esto es semejante al hombre que viaja con cierta cantidad de dinero, si lo despilfarra, no llega al final de su viaje, pero si lo conserva no sólo llega al final de su viaje, sino que pagará un magnifico hotel y regresará tranquilo a su casa.

Uno siempre va muriendo por partes. Fíjense ustedes que Roosvelt por ejemplo, empezó a morir cuando contrajo la parálisis, es decir, que el sistema cerebro‑motor fue el comienzo de su enfermedad y de su muerte, a la larga. En cuanto a otros, hay quienes mueren por el Centro Intelectual, abusan tanto del Intelecto, tienen tantas preocupaciones, que agotan los valores que están en el cerebro, y al fin por allí comienzan, hasta que mueren. Hay otros, como los artistas de la pantalla que abusan del Centro Emocional, por allí comienzan, al fin se les afecta el corazón y mueren.

Así pues, esa es la humanidad, ustedes no sigan por ese camino, aprendan a manejar sus tres cerebros en perfecto equilibrio, no despilfarrarán los valores vitales y llegarán hasta la ancianidad.

V. M. Samael Aun Weor