“Urge ante todo saber qué es eso que llamamos Conciencia, pues son muchas las gentes que nunca se han interesado por saber nada sobre la misma.

Cualquier persona común y corriente jamás ignoraría que un boxeador al caer noqueado sobre el Rin pierde la Conciencia. Es claro que al volver en sí, el desventurado púgil adquiere nuevamente la Conciencia. Secuencialmente, cualquiera comprende que existe una clara diferencia entre la personalidad y la Conciencia.

Al venir al mundo todos tenemos un tres por ciento de Conciencia y un noventa y siete por ciento repartible entre subconciencia, infraconciencia e inconciencia. El tres por ciento de Conciencia despierta puede ser acrecentado a medida que trabajemos sobre sí mismos.

No es posible acrecentar Conciencia mediante procedimientos exclusivamente físicos o mecánicos. Indubitablemente la Conciencia solamente puede despertar a base de trabajos conscientes y padecimientos voluntarios.

Existen varios tipos de energía dentro de nosotros mismos que debemos comprender: primera, energía mecánica; segunda, energía vital; tercera, energía psíquica; cuarta, energía mental; quinta, energía de la voluntad; sexta, energía de la Conciencia; séptima, energía del Espíritu Puro.

Por mucho que multipliquemos la energía estrictamente mecánica, jamás lograríamos despertar Conciencia; por mucho que incrementáremos las fuerzas vitales dentro de nuestro organismo, nunca llegaríamos a despertar Conciencia.

Muchos procesos psicológicos se realizan dentro de sí mismos, sin que por ello intervenga para nada la Conciencia. Por muy grandes que sean las disciplinas de la mente, la energía mental no logrará nunca despertar los diversos funcionalismos de la Conciencia. La fuerza de la voluntad, aunque fuese multiplicada hasta el infinito, no consigue el despertar Conciencia.

Todos estos tipos de energía se escalonan en distintos niveles y dimensiones que nada tienen que ver con la Conciencia. La Conciencia sólo puede ser despertada mediante trabajos conscientes y rectos esfuerzos.

El pequeño porcentaje de Conciencia que la humanidad posee, en vez de ser incrementado, suele ser derrochado inútilmente en la vida.

Es obvio que al identificarnos con todos los sucesos de nuestra existencia, despilfarramos inútilmente la energía de la Conciencia. Nosotros deberíamos ver la vida como una película, sin identificarnos jamás con ninguna comedia, drama o tragedia; así ahorraríamos energía concientiva.

La Conciencia, en sí misma, es un tipo de energía con elevadísima frecuencia vibratoria. No hay que confundir a la Conciencia con la memoria, pues son tan diferentes la una de la otra como lo es la luz de los focos del automóvil con relación a la carretera por donde andamos.

Muchos actos se realizan dentro de nosotros mismos, sin participación alguna de eso que se llama Conciencia. En nuestro organismo suceden muchos ajustes y reajustes, sin que por ello la Conciencia participe en los mismos. El centro motor de nuestro cuerpo puede manejar un automóvil o dirigir los dedos que tocan en el teclado de un piano, sin la más insignificante participación de la Conciencia. El inconsciente no percibe la luz. El ciego tampoco percibe la luz solar, mas ella existe por sí misma.

Necesitamos abrirnos para que la Luz de la Conciencia penetre en las tinieblas espantosas del mí mismo, del sí mismo. Ahora comprenderemos mejor el significado de las palabras de Juan, cuando el Evangelio dice: “La Luz vino a las tinieblas, pero las tinieblas no la comprendieron”.

Mas sería imposible que la Luz de la Conciencia pudiese penetrar dentro de las tinieblas del yo mismo, si previamente no usáramos el sentido maravilloso de la auto-observación psicológica.

Necesitamos franquearle el paso a la luz para iluminar las profundidades tenebrosas del “yo” de la Psicología. Uno jamás se auto-observaría si no tuviese interés en cambiar; tal interés sólo es posible cuando uno ama de verdad las enseñanzas esotéricas”.

“Sueña el enamorado en la estrella que por Oriente sube resplandeciente, en la tan esperada cita, en el libro que ella tiene entre sus manos, en su romántica ventana. Sueña el marido ofendido en obscura contienda y bronca rebeldía; sufre lo indecible, y hasta muere en la pesadilla. Sueña el lujurioso en la desnudez impúdica de la diablesa, que se revuelca como el cerdo entre el lodo de la inmundicia. Sueña el ebrio en que es rico, joven, esforzado caballero de gran renombre, valiente en la batalla. Sueña Amado Nervo en la amada inmóvil, y Víctor Hugo con  los Miserables. Esta vida lunar es un tejido de sueños.

No se equivocaron los viejos sabios de la Tierra Sagrada de los Vedas, cuando dijeron que este mundo es Maya (ilusión). ¡Ah, si esas pobres gentes dejaran de soñar, qué distinta sería la vida! Los cuatro Evangelios insisten en la necesidad de despertar Conciencia, pero como están escritos en clave, nadie los entiende”.

Son innumerables las escuelas, por todas partes abundan escuelas y autores que se combaten mutuamente. En la Catedral de Notre-Dame de París, dibujado en el suelo aparece un laberinto –recordemos al laberinto de la Isla de Creta–, en el centro de aquél laberinto estaba el Minotauro cretense. Se dice que Teseo logró pues, orientarse en medio de ese laberinto, hasta llegar donde existía el Minotauro y enfrentándose en lucha cuerpo a cuerpo, le venció. La salida de ese laberinto fue posible mediante el Hilo de Ariadna, que pudo llevarle hasta la liberación final.

Resulta interesante que precisamente en el piso de la Catedral de Notre-Dame de París, esté dibujado ese laberinto maravilloso. Indudablemente, todo esto es algo que nos invita a la reflexión.

Orientarnos no es cosa fácil; el laberinto de las teorías es más amargo que la muerte. Mientras algunos autores le dicen a uno que los ejercicios respiratorios son magníficos, otros le dicen que son dañosos. Mientras unos afirman una cosa, otros afirman otra; cada escuela presume que tiene la Verdad y el laberinto es pues, muy difícil.

Cuando uno consigue llegar al laberinto, tiene que habérselas en lucha cuerpo a cuerpo con el Minotauro cretense; es decir, con su propio Ego, con el “yo”, con el mí mismo, con el sí mismo, y sólo logra uno salir del centro del laberinto, mediante el Hilo de Ariadna que debe conducirnos hasta la Luz. Pero la mayor parte de las gentes se pierden entre el laberinto de tantas teorías, de tantas escuelas y de tantas confusiones. ¿Cómo hacer para orientarnos? ¿De qué manera? Obviamente nos debe interesar el despertar de la Conciencia, sólo así podremos verdaderamente caminar con éxito dentro de aquél misterioso laberinto; pero mientras no hayamos despertado, estaremos confundidos.

Algunos hasta se entusiasman por estos estudios momentáneamente y luego los abandonan. Hay quienes con la cabeza rellena de teorías, creen haber descubierto ya el Camino Secreto, aunque anden bien dormidos. Parece increíble, pero hay Maestros de la Gran Logia Blanca, verdaderos gnósticos en el sentido trascendental de la palabra, despiertos radicalmente, auto-realizados absolutamente –en lenguaje alquimista diríamos: sujetos que tienen ya en su poder la Gema preciosa–, y sin embargo no saben ni leer ni escribir; absolutamente analfabetas, pero eso sí: ¡auto-realizados y despiertos! En cambio vemos en el camino de la vida, dentro de las diversas escuelas y organizaciones y sectas, órdenes, etc., sujetos con la cabeza rellena de teorías; individuos con rica erudición, pero con la Conciencia completamente dormida; ignorantes ilustrados, que no solamente no saben, sino que lo que es peor: ni siquiera saben que no saben. Esos se pierden, cumplidas sus 108 existencias, ingresan a la involución sumergida de los mundos infiernos. Pero ellos creen que van muy bien –eso sí–, y cuando se les interroga, demuestran una erudición sorprendente. Mentes chispeantes, con conceptos relampagueantes, con proverbios luminosos, contundentes y definitivos; pero, ¿de qué les sirve todo eso?

Nosotros necesitamos despertar primero que todo, para saber cómo nos vamos a orientar. ¿De qué nos serviría tener la cabeza rellena de letras, si continuamos con la Conciencia dormida? Más valdría ser analfabetas, pero despiertos.

Incuestionablemente, mis caros hermanos, lo primero que necesitamos es saber que estamos dormidos. Desafortunadamente, aunque aquí lo esté afirmando y aunque ustedes estén aceptando que están dormidos, sin embargo no tienen conciencia de que están dormidos, y eso es precisamente lo grave.

Cualquiera puede saber que dos más dos es cuatro, pero otra cosa es tener conciencia de que dos más dos es cuatro. Un detalle sumamente simple que cualquiera intelectualmente la repite y cree que se la sabe, cree que tiene conciencia de ellas, mas no tiene conciencia de ellas. Si se quiere despertar realmente, tenemos que empezar por reconocer que estamos dormidos. Cuando alguien reconoce que está dormido, es señal completa, de que ya comienza a despertar. Pero no se trata de reconocerlo intelectualmente, no; porque cualquiera puede decir automáticamente: “Sí, estoy dormido”. Otra cosa es estar consciente de que está dormido y eso es diferente. Existe una gran diferencia, pues, entre el intelecto y la Conciencia.

En el mundo práctico, tenemos nosotros que aprender a determinar asociaciones específicas, inteligentes, para la vida en los mundos superiores. Durante el mal llamado “estado de vigilia”, estamos asociados con todos los seres humanos; ya a través del trabajo, o en el hogar, o en la calle, etc., etc., etc.

Durante las horas del sueño, existen también asociaciones y éstas son el resultado específico de aquellas mismas que tenemos en el mundo físico. Por ejemplo: si un sujeto XX, no importa quién, vive en la cantina, obviamente sus asociaciones serán con … y en los mundos internos durante las horas del sueño y después de la muerte, su vida será de cantinas, relacionada con cantineros y con vagabundos de toda especie. Si alguien se asocia con ladrones y bandidos, en los mundos internos durante las horas del sueño, vivirá entre bandidos, ladrones.

Así pues, nosotros debemos determinar aquí y ahora, en el mundo físico, el tipo de asociaciones que queremos durante el sueño y después de la muerte. Al estar reunidos aquí, nos conviene, porque el resultado será que nos asociaremos también durante las horas del sueño y después de la muerte. Muy bonito es estar asociados durante las horas del sueño aquí mismo en este templo, estudiando los Misterios de la Vida y de la Muerte; muy bonito es estar asociados nosotros entre sí, dedicados al estudio después de la muerte, pero éso solamente es posible si nos reunimos frecuentemente.

Así pues, nosotros mismos debemos provocar el tipo de asociaciones que deseemos, nosotros mismos debemos provocar el tipo de asociaciones que queramos tener durante sueño y después de la muerte. Comprendido eso, estableceremos bases muy fuertes para el despertar de la Conciencia.

Necesitamos aprender a vivir, mis caros hermanos, porque sucede que los seres humanos no sabemos vivir y eso es muy grave. No medimos el tiempo, creemos que este vehículo físico nos va a durar una eternidad, cuando realmente no dura casi nada y se vuelve polvo.

El teatro, el cine, es algo que causa daños muy graves al ser humano. En otros tiempos por ejemplo, en la Babilonia, el teatro era completamente objetivo; tenía como único objeto el estudio del Karma, la ilustración que debía darse a los asistentes. Los actores no se aprendían de memoria ningún papel; aparecía alguien en escena, sin haber estudiado ningún papel. Sinceramente se auto-exploraba a sí mismo, con el objetivo de saber qué era lo que más anhelaba, y eso que más deseaba, era lo que hablaba. Supongamos que quería beber, entonces sinceramente exclamaba: “¡Tengo ganas de beber!” Otro sujeto se aparecía por ahí, escuchaba aquélla frase y se auto-exploraba a sí mismo a ver qué sentía en su interior y lo que sentía, respondía: “Yo no quiero beber; por el alcohol fui a la cárcel, por el alcohol estoy en la miseria” –si eso era lo que realmente le había sucedido, pues no iba a afirmar algo falso–. Cualquier tercero –porque para eso tenían un grupo siempre de actores–, aparecía isofacto también, no iba a decir otra cosa sino lo que sentía en el fondo de su Conciencia, algo que él había vivido, que se relacionara con lo que estos dos estaban diciendo. “¡Yo –suponiendo–, tuve dinero, mucho. Tuve un hogar hermoso, una mujer, unos hijos, pero por estar bebiendo vino, vean cómo quedé, señores!” Más allá aparecía una pobre mujer, otra artista: “¡Perdí un hijo por la bebida, perdí a mi hijo por ese maldito licor!” Y así comenzaba a desarrollarse un drama, una escena improvisada. Muchas veces podía terminar en la forma más dramática.

Los notarios rigurosamente escribían, no solamente el desarrollo del drama en sí mismo, sino hasta los resultados finales. Seleccionaban después todavía, de tal pieza lo mejor, y en esa forma venían a conocer los resultados kármicos de tal o cual escena. Había muchas escenas: escenas de amor, escenas de guerra, pero en todas surgía siempre lo espontáneo, lo natural, no algo que artificiosamente el intelecto inventaba, no; lo que surgía era aquello que cada cual, que cada uno de los actores había vivido. Ese era el arte objetivo de Babilonia. Entonces realmente, mis caros hermanos, los actores eran muy diferentes.

La música que se usaba, instruía debidamente al cerebro emocional; era una música especial. Ellos sabían perfectamente que en el organismo humano existen –dijéramos–, ciertos ganglios que se han formado con los sonidos del Universo, y sabían manejar todos esos ganglios, todas esas partes del Ser, mediante las diferentes combinaciones musicales; así instruían, por medio de la música, al cerebro emocional. Ustedes saben que una marcha guerrera le da a uno ganas de marchar; que una música fúnebre lo pone a meditar, a reflexionar; que una música –dijéramos– romántica le trae recuerdos de los tiempos idos etc., etc., y sus noches de amor. Ellos combinaban inteligentemente los sonidos, para instruir también sabiamente al cerebro emocional. ¡Vean ustedes que interesante es eso!

El centro del movimiento solía también recibir enseñanza mediante danzas sagradas; esas danzas eran importantísimas en Babilonia. Cada movimiento equivalía a una letra, y el conjunto de letras contenía definidas oraciones, determinadas tesis y determinadas antítesis, determinadas instrucciones; así todo el auditorio recibía una cultura riquísima.

Era otro tipo de teatro. Los artistas no se llamaban “artistas” sino “orféistas” que interpretadamente significa: “sujetos que sienten con entera precisión, las actividades de la Esencia, de la Conciencia”. Pero después de la cultura Greco-Romana, el teatro se degeneró y ya los orféistas desaparecieron; surgieron entonces los llamados artistas, los cómicos, los actores.

Recuerdo muy bien todavía hace unos 50 años, poco más o menos, a los actores se les llamaba vulgarmente “comediantes”, y se les miraba con mucho desprecio. Por la Edad Media, había una ley promulgada que obligaba a los actores a rasurarse, a quitarse todos los signos de la masculinidad. ¿Con qué objeto? En primer lugar debían ellos, claro está, maquillarse según el drama que tuviesen que ejecutar; segundo, pues se quería ante todo hacérseles diferenciar del resto de las personas; sabían que esos actores modernos tienen –dijéramos–, una irradiación peligrosa, infecciosa, altamente hanasmussiana, y rasurándose, quitándose los signos de masculinidad, cada cual podría evitar pasar cerca de ellos, o darles la mano. Si ustedes observan cuidadosamente la vida de los llamados “artistas” en los teatros, sentirán –si son un poquito sensitivos–, podrán captar el tipo de radiaciones hanassmussianas que ellos emiten, y que infectan la mente de las gentes.

Hoy ya pasó esa costumbre, ya  no hay ninguna ley  promulgada  en  ese sentido contra ellos; ya se les da la mano, ya se les trata de igual a igual, y hasta se les quiere imitar; así ellos pueden destilar, perniciosamente, sus ondulaciones de Hanasmussen en las mentes de todas las personas.

Duele un poquito tener que decir esto porque hay muchas gentes que viven del drama, de la escena, que en fin, que son actores, pero nosotros tenemos que colocarnos en el plano de las realidades concretas. Ya las personas que han pasado los 50 años, recordarán precisamente, que hace medio siglo todavía se les miraba con desdén, se les trataba como a simples cómicos o comediantes, etc., etc. Claro, ellos se abrieron paso y ahora se les considera de igual a igual, ¿no? Pero no por eso dejan de emitir sus ondulaciones que son terriblemente peligrosas. Naturalmente que ellos aprenden papeles de memoria absolutamente subjetivos, de cosas que existieron o no han existido nunca; comedias, dramas que pueden tener o no tener ninguna realidad, que son únicamente producciones de sus mentes, y el honorable público, ante las tablas del escenario, duerme terriblemente. Cuando digo “duerme”, lo pongo entre comillas; quiero pues afirmar en forma enfática, que la Conciencia de los que asisten entra en el sopor más profundo del sueño.

Incuestionablemente, este tipo de arte subjetivo, realmente viene a acabar con la necesidad de las percepciones reales. ¿Qué es un “Turiya”? Un Turiya es un hombre que puede hablar con su propio Dios Interno, cara a cara. Pues bien, este arte de tipo subjetivo realmente nos impide llegar al estado de Turiyas, por eso resulta pernicioso.

En nombre de la verdad –yo les digo a ustedes en lo personal–, no me agrada a mi absolutamente el cine, ni la televisión. Cuando alguna vez por curiosidad he estado mirando algo en televisión, después he tenido un remordimiento de Conciencia espantoso. He tenido que proceder a limpiar todos los elementarios que se formaron en mi aura y no vuelvo a quedar tranquilo hasta que desintegro el último de ellos. Lo que sucede es que al ver esas escenas, uno con la mente repite automáticamente lo que está viendo y entonces la “esencia de la mente” toma forma. Con la “esencia de la mente”, como dijera Mister Leadbeater, se forman elementarios; elementarios iguales a los que uno ha visto en la pantalla, que se roban parte de la Conciencia de uno, que vienen a vampirizarle a uno su propia Conciencia. Esos, ya establecidos en la mente, causan mucho daño: se roban –repito– una parte de la Conciencia de uno, se convierten en criaturas vivientes dentro de uno.

Cuando he estado mirando –repito–, una televisión o un cine, después he tenido que sufrir mucho, desintegrando los elementarios que se forjaron en mi mente, que se formaron y logro al fin desintegrarlos, a base de trabajos conscientes y padecimientos voluntarios. Por tal motivo, definitivamente renuncié a la televisión, al cine, a todo eso.

Les explico para que ustedes sepan orientarse, porque si uno quiere verdaderamente llegar a despertar, pues tiene que saber vivir. Si uno quiere desenvolverse conscientemente en los mundos internos, convertirse en un investigador competente de la vida en los mundos superiores, obviamente tiene que promover sus propias asociaciones

Asociaciones como las que en este momento tenemos los que estamos reunidos en plena asamblea, son extraordinarias. Estamos platicando sobre el despertar de la Conciencia; eso es magnífico, porque estamos promoviendo asociaciones extraordinarias en los mundos superiores. Al ir ustedes ahora a sus casas, al caer los cuerpos de ustedes dormidos en sus respectivos lechos, obviamente saldrán del cuerpo, y al salir del cuerpo, pues es claro que vendrán a reunirse entre sí, nuevamente, en la forma en que están reunidos esta noche aquí en físico; así se reunirán allá también en el astral para lo mismo: para el estudio del despertar, y que es claro que recibirán la ayuda de los Maestros de la Fraternidad Oculta.

Están promoviendo, pues, asociaciones extraordinarias para los mundos superiores. Pero si ustedes no estuvieran aquí, sino en una cantina, en una casa de juegos, en un cabaret, al dormir sus cuerpos esta noche, la Esencia de cada uno de ustedes afuera, es decir, sus valores internos ya afuera, se encontrarían nuevamente, se asociarían, pero ya no sería para estudiar el despertar de la Conciencia.

…la manera de vivir, la Conciencia se irá despertando, y al fin un día quedará completamente despierta. Una vez despierta la Conciencia, estaremos lo suficientemente preparados como para ver el Camino por sí mismos; el Camino que ha de conducirnos realmente, a la liberación final. ¿Pero cómo podríamos ver por sí mismos el Camino, si no nos esforzamos en despertar? ¿Pueden acaso los dormidos ver el Camino? Entonces necesitamos despertar, ¿verdad?. Cuando uno despierta, comprende lo que es; hace uno un inventario de lo que tiene y de lo que le sobra y de lo que le falta. Muchas facultades que uno cree que tiene, no las tiene y mucho que no sabe que tiene, realmente tiene. Pero uno solamente puede venir a hacer ese inventario de sí mismo, cuando está despierto; porque un dormido, ¿cómo va a hacer un inventario de sí mismo? ¿Qué sabe de sí mismo el dormido? Así pues, despertar es fundamental, vital; pero, para despertar, hay que saber vivir.

Escrito está que “el que con lobos anda, a aullar aprende”. Tenemos que saber con quién andamos, cuál es el tipo de asociaciones que vamos a crear en la vida práctica. Debemos saber seleccionar nuestras amistades, porque eso es definitivo. Conforme nos esmeremos en el vivir inteligente, la Conciencia se irá haciendo cada vez más despierta, hasta que al fin podrá algún día despertar. Al despertar, podemos darnos cuenta del estado lamentable en que nos encontramos.

Cualquier humano, normalmente, tiene tan solo el cuerpo planetario. ¿Cuál es el cuerpo planetario? El cuerpo físico con su Asiento Vital, es claro. Más allá del cuerpo físico, lo único que hay es una suma de agregados psíquicos inhumanos: nuestros defectos psicológicos mismos, asumiendo –dijéramos– formas alegóricas; ira, codicia, lujuria, envidia, orgullo, pereza, gula, etc., etc., etc. ¿Qué es lo que continúa después de la muerte? Una suma de agregados psicológicos. Si decimos que después de la muerte continúa un montón de diablos, no estamos exagerando, es verdad; llamémoslos: ira, codicia, envidia, etc., etc., pero eso es lo que continúa.

No poseemos, ciertamente, un centro –dijéramos– permanente de Conciencia, no. Desafortunadamente la Esencia está enfrascada entre todos esos agregados inhumanos. No hay pues, una individualidad permanente en el animal intelectual equivocadamente llamado “hombre”. La individualidad es algo que hay que lograr. Si queremos individualizarnos, debemos desegoistizarnos; sólo mediante la desegoistización, es posible la individualización. ¿En qué forma podríamos desegoistizarnos? Eliminando los elementos inhumanos que llevamos dentro. ¿Cómo podríamos eliminarlos? Sólo después de haberlos comprendido.

Nosotros podemos, por ejemplo, saber que tenemos ira, pero no tenemos conciencia de que tenemos ira; eso es diferente. Necesitamos hacernos conscientes del proceso de la ira. La ira tiene muchas metamorfosis y muchas raíces: hay ira por la lengua, hay ira por el ánimo, hay ira por la mente; son muchas las formas de la ira. Hay formas de la ira que se deben al amor propio: alguien ofende nuestro amor propio y sentimos ira. Hay iras que son por celos. Existen ataques de ira provocados por el odio, etc., etc. Hay que investigar todos los aspectos de la ira, no desde un punto de vista meramente intelectivo. No se trata de investigar la ira en forma abstracta, sino nuestra ira particular, que es diferente.

Si vamos por la calle por ejemplo, y de pronto alguien nos insulta sin motivo alguno y reaccionamos furibundos, es obvio que al llegar a casa debemos reflexionar. ¿Por qué reaccioné yo en esa forma? ¿Cuál fue la causa causorum para haber reaccionado? Hacerse consciente de ese aspecto de la ira. Que otro día cualquiera tuve un ataque de ira por celos; habrá que reflexionar sobre esos celos, ¿por qué se provocaron esos celos? Y, así conocer cada faceta de la ira. Lo mismo debe ampliarse o llevarse a todos los otros defectos que llevamos dentro.

La eliminación solamente es posible con ayuda de la Divina Madre Kundalini. Alguien puede comprender que tiene un error, un defecto psicológico y sin embargo continuar con él. La eliminación es distinta; solamente es posible eliminar con ayuda de Devi Kundalini. El mayor grado de poder de Devi Kundalini se halla en el sexo; no quiere decir esto que por el motivo de no tener un individuo mujer, o una mujer no tener varón, no vayan a eliminar sus errores; claro, siempre contarán con la ayuda de la Madre Kundalini. Lo que quiero decir es que la fuerza principal de Devi Kundalini está en el sexo, y que si alguien tiene la suerte de tener una esposa o una mujer que tiene su marido, bien pueden trabajar en la Forja de los Cíclopes y solicitar a Devi Kundalini, en pleno trabajo, elimine tal o cual defecto psicológico que ya se ha comprendido debidamente. Así es cómo vamos muriendo de instante en instante, de momento en momento. Ante todo es necesario hacernos conscientes de lo que significa la muerte del “yo”. La base, el fundamento de cualquier progreso estriba en la muerte, porque sólo con la muerte adviene lo nuevo. Si el germen no muere, la planta no nace. Sucede que la mayor parte de los estudiantes esoteristas se olvidan de la muerte, sólo piensan en perfeccionarse, adquirir poderes, en lo que sea, pero olvidados de la muerte.

Si uno va al cine, quiere decir que se olvido de la muerte, ¿verdad? Porque cuando uno quiere morir en sí mismo, no va al cine, ya no le interesa el cine; porque yo no he visto que a un muerto, a un cadáver metido dentro de un ataúd le interese el cine. Si uno se está distrayendo “muy bonito” con la televisión, luego está demostrando hasta la saciedad que se olvido de la muerte, porque ningún cadáver se va a sentar a ver televisión. Esto de la Auto-Realización es algo muy serio, no se puede tomar en juego. Si es la Auto-Realización lo que queremos, la base es la muerte.

Con justa razón, los monjes de “La Cartuja”, en España, tienen un saludo muy especial: “Hermanos, de morir tenemos”. Contesta el otro monje: “Hermano, eso ya lo sabemos”. Ese es su saludo cada vez que se encuentran: “Hermano, de morir tenemos”. “Hermano, eso ya lo sabemos”. A nosotros no nos interesa la muerte del cuerpo físico; la podemos perder no más al salir de esta casa o en cualquier momento. En la misma cama, podemos caernos de la cama al suelo y morir; resbalar en una cáscara en cualquier calle, matarnos. Eso no es lo importante, lo que nos interesa es la muerte del “yo”, ese “yo” tenemos dentro nos hace horribles.

Si ustedes estuvieran despiertos, podrían evidenciar lo que se les está diciendo. Las radiaciones que carga toda persona que tiene el “yo”, son muy semejantes a las del Conde Drácula: ¡siniestras! Cuando yo estoy en meditación –por ejemplo–, solo, y viene alguien por ahí que tenga “yo”, desde lejos siento sus vibraciones que son siniestras; son las mismas del Conde Drácula, son desagradables, siniestras, izquierdas. El “yo” nos hace a nosotros verdaderamente inmundos, en el sentido más completo de la palabra.

Así pues, uno cuando ya consigue eliminar el “yo”, desintegrar todos los elementos inhumanos que lleva dentro, queda entonces sí, radicalmente despierto en un ciento por ciento, despierto; eso es obvio.

Voy, pues, a explicarles a ustedes una técnica, pero quiero que pongan mucha atención… Es necesario dividir la atención en tres partes: primera, SUJETO; segunda, OBJETO u OBJETOS y tercera, LUGAR.

Primera, SUJETO: no olvidarse de sí mismo. Cuando uno se olvida de sí mismo, comete en la vida muy graves errores. Por ejemplo, si nos olvidamos de sí mismos ante una copa de vino, ¿qué sucedería?. Que no solamente nos tomamos la copa, sino que podemos tomarnos muchas más y emborracharnos; de manera, pues, que sería grave olvidarse uno de sí mismo ante una copa de vino… Si nos olvidamos de sí mismos ante una persona del sexo opuesto, ¿qué sucedería?. Podríamos llegar a la fornicación, ¿verdad?, o al adulterio. De manera, pues, que no debemos olvidarnos de sí mismos jamás…

Si nos olvidamos de sí mismos, por ejemplo ante un insultador, seguro que terminamos también insultando, hasta dándonos golpes con el insultador. Es pues indispensable no olvidarse uno jamás de sí mismo; mas es muy fácil olvidarse uno de sí mismo. Ouspensky, por ejemplo, se propuso una noche andar despierto por las calles de San Petersburgo (digo “andar despierto” para diferenciar esto de ANDAR DORMIDO, que es lo que hacen todas las gentes comunes y corrientes).

Anduvo y anduvo aquél hombre, auto-vigilándose, auto-observándose, controlando la mente y los sentidos. Ese hombre caminó por todas partes; de pronto, quiso preparar sus cigarros. Vio una cigarrilería y entró, para hacer preparar, no unos cigarros simplemente, sino unos tabacos. Cuando salió de allí, fumando, ya no se acordó del ejercicio que estaba practicando. Anduvo por muchas calles de San Petersburgo, hasta que llegó a su recámara. Al entrar en su recámara, se acordó otra vez de sí mismo; entonces con dolor se dio cuenta que se le había olvidado el ejercicio y que su Conciencia se había dormido al entrar en la cigarrilleria. Después de eso, anduvo por muchas partes, como un verdadero sonámbulo, entró en sueño…

Vean ustedes cuán  difícil es  no olvidarse  uno  de  sí mismo.  Pero al decir “no olvidarse de sí mismo”, quiero referirme a estar uno vigilando las “ENTRILLAS”, o sea, los sentidos y la mente, porque si uno no controla los sentidos y la mente, uno cae en el sueño de la Conciencia. Debe uno auto-observar sus sentimientos, sus impulsos internos y externos, sus instintos, sus hábitos, etc., etc., etc.

El segundo aspecto o la segunda fase del despertar de la Conciencia, es el OBJETO u OBJETOS. Si uno ve, por ejemplo, un hermoso objeto: un traje, o un anillo, un perfume, lo que sea; si lo ve uno en un “aparador” (o como dicen ustedes por allá, en una “vitrina”) y si uno se “encanta” con aquél objeto que está viendo allí, lo primero que sucede es que uno cae en la inconsciencia. ¿Por qué? Porque se olvidó de sí mismo.

Al ver el OBJETO, hay varios procesos: primero: la IDENTIFICACIÓN (se olvida uno de sí mismo y se identifica con el objeto. Dice: “¡Qué hermoso, qué bello, que bonito es esto; si yo tuviera dinero, me lo compraría!”, etc.). Después viene la FASCINACIÓN (queda uno FASCINADO con el objeto. Si es un bonito traje, dice uno: “¡Qué bueno; el día que tenga dinero me lo compro!; este color está muy bonito”, etc., etc. Y la mujer diría así: “Este vestido está muy bello, yo me lo compraría”). Bueno, total que vendría la fascinación con aquél objeto, con aquélla prenda de vestir y luego se entraría en el sueño de la Conciencia…

LUGAR. Uno tiene que mirar todo lugar en forma detenida, aún el lugar conocido: La sala de la casa, la recámara; mirarla todos los días como algo nuevo, aprender a verla en forma diferente, distinta. Donde quiera que uno llegue, lo primero que debe decirse es: “Bueno, ¿por qué estoy yo aquí, qué tengo yo que ver en este lugar?”. Eso es indispensable, si se quiere despertar Conciencia.

Me viene a la memoria, en estos momentos, una experiencia vivida muy interesante. Hace muchísimos años, sucede que llegué a una casa, atravesé un hermoso jardín, traspasé el umbral de una sala y por último penetré en un despacho donde había un “Bufete” de Abogados. Ante el “Bufete” encontré a una señora muy amable; ella me atendió… De pronto, platicando con ella, vi sobre el escritorio dos mariposas de vidrio (muy hermosas las mariposas). Lo que más me asombró fue que aquéllas mariposas tenían vida propia, movían sus alas (¡y eran de vidrio!) y movían sus cabecitas, y sobre sus cabecitas, sus antenas. Eran de vidrio y sin embargo respiraban como todas las demás mariposas (¡y eran de vidrio y de múltiples colores!).

Entonces me dije a mí mismo: “¿Cómo es posible que estas mariposas de vidrio hagan todo esto, que tengan vida propia?”. Obviamente, fenómenos de esta clase solamente pueden suceder en el MUNDO ASTRAL, porque en el mundo físico esto es completamente imposible… Miré a mi alrededor y me dije a mí mismo: “¿Qué hago yo en este lugar, en este despacho de Abogados?”. Y observando otros objetos pude ver, a la derecha, en el rincón de la derecha de aquél despacho, un “Candil”, o sea un Candelabro de siete brazos, y en el lado izquierdo otro Candelabro , también de siete brazos… Aquélla señora platicaba amablemente conmigo. Resolví pedirle permiso a la señora para retirarme un momento (fingí ir por ahí, al baño).

En fin, salí por ahí… Claro, ella cortésmente me dio permiso para salir de allí. Ya afuera, dije: “Voy a hacer un experimento” (di un saltito con la intención de flotar en el medio ambiente circundante y ciertamente, quedé flotando en el ambiente). Entonces, me dije a mí mismo: “Estoy en Cuerpo Astral”… Regresé otra vez, penetré en aquél despacho, me senté ante el “Bufete”. La señora, allí me estaba aguardando y le dije: “Señora, quiero que usted sepa que en este momento nos encontramos en Cuerpo Astral; recuerde muy bien, señora, que usted se acostó a dormir hace unas cuantas horas y el cuerpo suyo, en estos momentos, está durmiendo, reposando entre el lecho, entre la cama”. Yo aguardaba alguna respuesta inteligente de aquélla señora, pero lo que vi en ella fueron ojos de sonámbula. Obviamente, tenía la Conciencia completamente dormida, no entendió “ni papa” de todo lo que yo le estaba diciendo…

Bueno, en vista de eso, del estado de sueño tan profundo en que estaba aquélla señora, ¿qué hice?. Salir, despedirme de ella. Salí del despacho aquél, levanté el vuelo y fui flotando con mi Cuerpo Astral, rumbo a California (yo necesitaba hacer algunas investigaciones en California). Por el camino hallé a un hombre que hacía mucho tiempo había muerto; llevaba un fardo pesado sobre sus espaldas (se veía que había sido cargador de bultos pesados en algún mercado). El infeliz aquél había desencarnado, hacía mucho tiempo, pero él creía que todavía estaba vivo. Me acerqué a él y le dije: “Amigo, ¿qué es lo que está pasando?, ¿por qué cargas ese bulto tan pesado sobre tus espaldas?”. La respuesta fue: Estoy trabajando, estoy trabajando”… “Pero ¿qué es lo que usted dice, amigo mío, qué es lo que está diciendo?. ¿No se da cuenta de que ya murió y que ese fardo que lleva usted sobre sus espaldas no es más que una forma mental, creada por usted mismo?. No lo comprendió; me miró con ojos de sonámbulo, no entendió “ni jota” de lo que yo le estaba diciendo … Floté alrededor de él y sobre su cabeza, para ver si en esa forma tal vez entendiera, mas todo fue inútil: no comprendió nada, estaba dormido; el infeliz no había hecho nada en vida para despertar Conciencia y continuaba dormido, con la Conciencia dormida… Yo seguí mi viaje hacia California; necesitaba hacer unas investigaciones y las hice (unas investigaciones sobre algunas Escuelas, etc.). Después regresé tranquilamente a mi cuerpo físico…

Pasaron los años, muchos tal vez: unos… calculo que treinta años, cuarenta (muchos años pasaron)… Más tarde me tocó ir a Tazco, Guerrero (por cierto que ese pueblo es muy rico en minas de plata y se dice que allí se consiguen muchos objetos de plata, muy baratos, etc. Pero realmente no son tan baratos; lo que sí abunda mucho es el turismo, por ser muy atractivo el lugar: está colocado en un cerro y es totalmente colonial y de una belleza y de un paisaje extraordinario). Tenía que entrevistarme allí con un determinado señor, al cual estaba, por aquellos días, ayudando a curar de una hemiplejia que le había dado y por la que había quedado paralizado medio lado del cuerpo. Yo fui allí con la intención de ayudarle y le ayudé (creo que hasta quedó bien, quedó sanado). Lo hice caminar, por cierto con tratamientos magnéticos, y logró caminar sin bastón, después de tener medio lado paralizado. Le di indicaciones, le aconsejé que se moviera bastante, pues él se la pasaba sentado y eso perjudicaba su curación…

Bueno, para no hacerles tan larga la historia, les cuento que atravesé el jardín de una casa muy hermosa; luego atravesé una sala y la reconocí inmediatamente ( el lugar donde tantos años atrás había estado) y por último penetré a un despacho. En la sala me aguardaba una señora; la reconocí de inmediato (era la misma que había visto en el astral, tantos años atrás) y me dijo: “Siga, señor”… Y yo seguí, pasé al interior, pues, donde estaba el despacho de Abogados. La única diferencia fue que esta vez no la encontré a ella delante del escritorio, sino a su marido, que era un señor ya de edad madura, Abogado, aunque no graduado (es decir, “tinterillo”, para ser más claro. Aquí en México nosotros le decimos “Coyote”. Sí, ese es un término que tenemos aquí nosotros para los “tinterillos”). Total que, entonces allí la encontré, frente a su “Bufete”… Se puso de pie para darme la bienvenida, me hizo sentar ante su escritorio, también sentaron al paciente que debía sanar. Hablamos sobre el “magnetismo”, porque claro, allí iba yo a usar el “magnetismo”, para sanar a aquél paciente, y claro, alrededor del tema del “magnetismo”, del “Prana”, de las curaciones psíquicas, se habló también sobre las SALIDAS EN ASTRAL, los “desdoblamientos”, las “curaciones a distancia”, etc., etc., etc.

Fue muy interesante la plática. Aquél señor tenía cierta disposición para esta clase de estudios psíquicos y alguna información, aunque muy incipiente, pero sí lo suficiente como para que comprendiera algo sobre los “desdoblamientos”… Le dije yo: “Hace algunos años vine hasta aquí, este despacho lo conozco”… Total que el hombre quedó asombrado, atónito, perplejo. Luego le dije: “A su señora también la conozco” y le narré el caso, la plática que sostuvimos; en fin, todo lo que habíamos dicho: cómo había visto a la señora, etc., etc., etc.

Cuando llegó la hora de la cena, ya sentados todos alrededor de una mesa redonda, la señora delante de él me dice: “Yo a usted, señor, lo conozco desde hace mucho tiempo; lo que no recuerdo es el sitio exacto donde yo lo conocí, pero de que lo conozco…, lo conozco, usted no es desconocido para mí; desde hace mucho tiempo lo conozco”… Claro, yo en seguida toqué con el codo al señor y le dije: “¿Se ha convencido usted, ya está convencido?”. Me respondió: “¡Hasta la saciedad, estoy totalmente convencido!”.

Bueno, aquél hombre tuvo pruebas evidentes y si no hubiera sido porque pertenecía a cierta secta de tipo dogmático y porque sus preceptores religiosos, pues, no lo hubieran perdonado, indubitablemente habría venido a la Doctrina, a la Gnosis, porque las pruebas para él fueron definitivas. Bueno, he narrado esto a ustedes para que entiendan cómo se despierta la Conciencia y lo estoy explicando con relatos vividos…

V. M. Samael Aun Weor